Si se computa a Javier Olaizola en las dos etapas en un Mallorca deambulando cuatro años en Segunda, sale un once inicial exacto. Todos ellos no acabaron una campaña ni destaparon la siguiente, excepto Fernando Vázquez  esta misma temporada con el discurso obcecado una y otra vez en repetir empezar bien la competición para enganchar la buena “dinámica”. Nunca debió poseer el derecho de empezar una nueva temporada ante el panorama de salvar un conjunto de la desaparición de la LFP en la última jornada de liga. Ahora todo el trasero cercano del club bermellón en imágenes  de amargura no llegan ni a la mitad del subsuelo desolador que unos jugadores van tabicando más la tumba al espacio B que en poder achicar el agua de un naviero de primeras prestaciones, numerosos empleados aunque muchos ya recortados y un plantel sin brújula ni guión. El capitán de barco falsificó dicha licencia.

El Mallorca es el equipo que menos ha ganado en Segunda. 6 victorias

El presente escribe ya un futuro cercano de oscuridad opaca. Y no rubrica sus letras mediante la fábula de imaginar, no importa recolectar ideas ilusionadas si los hechos por si mismos construyen una novela de Stephen King. Además, la última figura en aterrizar llegó con la convicción de salvar un ente muy enfermo. El mérito de acercarse a un grupo de jugadores -algunos de ellos llevan cinco entrenadores en menos de dos años- incapaces de reaccionar es un motivo de deferencia. Aun así no deja de sorprender que Barjuan con la mente fresca y dos partidos en su chepa, aparenta un guión en blanco nieve ante una coyuntura extra crítica. Las pruebas pueden remitirse a las maniobras hasta ahora ejecutadas.  Dos partidos con dos onces contrariamente diferenciados. Parece que el plan es esperar al funcionamiento de algo, a un engranaje que de repente se acoplen sus piezas.

Al final el espanto actual, alargado a mediados de mayo e incluso a principios de junio, penetra en la consideración de llegar al simple análisis de que la sinopsis  es esperar al milagro. De ganar un partido porque sí tras dos meses sin conseguirlo -balance de 4 puntos de 27-. De marcar porque sí después de tres encuentros consecutivos sin anotar.  Des salvarse porque sí, porque las “matemáticas dan opciones”, afirmaba en La Romareda Pleguezuelo. La lógica no camina por aquí, porque esta sí conoce unos precedentes lamentables.

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