Cuatro días para que nuestras papilas futbolisticas saboreen la amarga realidad que el Mallorca lleva cocinando durante demasiadas temporadas. Cuatro días para pisar el humilde (pero no menos respetable) Municipal de Peralada, mientras un puñado de afortunados espectadores se estén refrescando en la piscina anexa al campo. Para toparse cara a cara con la tormenta que anuncia el nubarrón que sobrevuela el club desde el pasado 4 de junio.

Tras el desastre de Miranda, pocos jugadores dieron la cara. LFP

Yo nací en 1999. Lo que significa que he tenido el sagrado privilegio de no conocer a un Mallorca que no fuese de primera hasta los 14 años. No tengo motivo alguno para recriminarle nada al fútbol. Sin embargo, al encargado de sembrar la semilla bermellona en mi y velar por que esta germinara, mi abuelo, si que le debe algo. Le debe la ilusión, las ganas de ir al campo, que le ha arrebatado en los últimos años. Envejecer al lado de tu equipo de fútbol debe ser a la vez un regalo del cielo y una grandísima putada. Imaginarme el desapego que debe uno sentir al ver que aquello de lo que se enamoró ha sido transformado y manipulado ha sido el único motivo por el que le perdoné que me dejase de acompañar cada domingo al estadio.

Quiero creer que volver a tocar el barro, el fútbol puro que desprende la Segunda B, le pueda reconciliar no solo con el fútbol, si no con su Mallorca. Que al final, todo su fútbol se resume al equipo de su vida. Si, de tanto en cuanto me pregunta si creo que “n’Enmbanpe aquest” (Mbappé) vale lo que dicen en las noticias. Pero la cara que pone no tiene ni punto de comparación con la que pone cuando me habla del Sitjar, de las faltas de Stankovic. Y ahora, su cara al preguntarme sobre esta temporada venidera, la plantilla, de su alegría porque Abdón o Xisco hayan vuelto a casa, desprende emoción. Volver a acercarse al amateurismo ha significado rejuvenecer. A mirar a su equipo con los mismos ojos con los que se enamoró de él.

Tácticas, estadísticas, sensaciones, traspasos millonarios y resto de añadidos aparte. El fútbol es la gente y de la gente. Y sobretodo de la gente como mi abuelo. El domingo le invitaré a ver el partido a casa. Quiero ver su cara de ilusión otra vez.

 

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