Cuando llevaba en su espalda De Groot le hacía un delantero más exótico. Una referencia, con su número once pasado favorito, que determinaba su rama holandesa. En un primer momento, sin conocerlo, hubieras asegurado la operación del club en el fichaje de un jugador neerlandés procedente quien sabe del FC Den Bosch por ejemplo. El traspaso cuanto más foráneo más cosquilleo conceptual te produce. Puede que sea una minusvalía por quien les escribe. Siempre fue así. Se iniciaría el síntoma de la enfermedad con Yoshito Okubo. Dos temporadas sin pena ni gloria en el Mallorca pero en un debate intelectual en contra o a favor del futbolista, el bando a favor teníamos todas las de ganar. Si se adaptaba: Okubo era dios. Si no se adaptaba, como al final pasó: era un reto de talla considerable. No tuvo suerte. Era tu polvo. Lo de que por culpa de dos años de bajo rendimiento se quedaría sin Mundial de fútbol lo aparcabas. Parece que Yoshito sigue jugando por Tokyo y marcando goles. Tiene ya 35 primaveras. Si se le compara con Kazuyoshi Miura (no se le puede comparar pero desacato), está en la flor de la vida. Engañarse es uno de los mejores placeres de la vida.

De Groot fue en el último partido el redentor. Le marcó al equipo de su chándal. Y no fue en esa dirección dónde él indica. Fue en el otro palo e imposible para Cristian Rivero.

Álex López De Groot lleva los mismos goles esta temporada, van cinco, que en los dos últimos años en el Nàstic de Tarragona. Juega ahora en una categoría bastante inferior pero su inicio le debe sorprender incluso a él mismo. Es del clan de Vicente Moreno, como lo son Xisco Campos o  Ferran Giner, razón de confeccionar el comienzo deseado. Alto, aguerrido y fijando los centrales, ante su ex equipo, el Valencia Mestalla, demostró ser riqueza de valor para el equipo cuando atascado en busca del gol el Mallorca, Álex desenfundó en las acaballas del partido una jugada tirando de recursos de clase impropias, a priori, de su naturaleza. Frontal derecha del área grande, de espaldas pegado a dos rivales, Centelles y Damián, se giró, los dejó sentados y armó una banana imposible para el portero. Fue el pívot encestando de gancho a segundos de terminar la posesión y de espaldas al aro. Fue el reflejo de un Mallorca tajante. Un Mallorca líder.

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