Empiezo a escribir esto con el mítico ch-ch-ch-ch-changes de Bowie de fondo. Me viene al pelo. Por x o por las cosas siempre cambian. Curvas -unas más pronunciadas que otras-, subidas, bajadas. Shit happens, que me decía un buen amigo inglés. Aquella cesión al extranjero me cambió. Los que veníamos de fuera, guiris por un año, nos tuvimos que amoldar por primera vez. Y pese a que de primeras parece un trauma insuperable, acabarías queriendo reeditar cada uno de esos días. Y ahora igual, pero en versión nacional. La odisea inicial se convierte en un deseo constante de parar el tiempo. No da tiempo a hacerlo todo, aunque uno lo intente desesperadamente. La capital me ha acogido bien, igual que lo hizo la lluvia inglesa.

Gran Vía al atardecer, pequeños detalles que conviene apreciar para sobrevivir a la frenética metrópolis.

Igual que Vicente y sus chavales han caído de pie en la categoría. Y tan de pie: no han tenido ni el más mínimo traspiés inicial. Como a ese amigo que hace años que no ves, pero que todo sigue igual, que parece que no hace falta contarse nada para saber lo que uno ha estado haciendo. El Mallorca venía severamente herido tras largos años de guerra y ha vuelto al barro a lamerse las heridas. La afición también ha podido resarcirse, cogidos de la mano de la plantilla. Les envidio sanamente viéndoles festejar con la grada, a través de mi pequeña pantalla de ordenador. Abdón lanzándose a la grada o la bonita tradición de pasar a dar la mano al final del partido que iniciamos en Son Malferit. De eso tratan los cambios. Dejar el futbol profesional ha sido el peaje que hemos tenido que pagar para recuperar la esencia de tu club. Me parece un precio incluso bajo.

Reina es el hermano mayor perfecto para Miquel Parera, el indudable sucesor de la portería bermellona. Xisco Campos capitanea al equipo y a Raíllo, un poco más alocado, y maximiza sus virtudes en detrimento de sus idas de olla. Salva Sevilla imparte un master a Damiá y Cedric apunta con detalle cada destello que dejan sus mayores. Vicente y Dani, padres de todos, supervisan al dedillo cada movimiento de sus cachorros. Para llegar hasta aquí, cinco temporadas de jugadores desapegados y un banquillo rotatorio. Parecía inimaginable volver a donde estamos. Cambios.

El cambio es algo más que pasar de un carril a otro. Es una reflexión personal, un trayecto que mejor que nunca acabe, pues siempre tenemos algo que mejorar. Me he visto cambiar, y lo he visto en otros, y los cambios siempre son para bien. Al final, con un poquito de buena voluntad, siempre llegan a buen puerto.

Time may change me, but I can´t trace time.

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