Apuntaba José Sámano, periodista de El País, el interés por aquel Salva Sevilla que retumbó en el Real Betis de Pepe Mel. Aquel equipo capaz de desarropar la segunda categoría española. Una en 2011. Otra en 2015. Pero Salva ya se había ido a la segunda machada. En aquella época, el futbolista hablaba de la maldición cuando le preguntaban tras ser elegido capitán del conjunto bético. La maldición de fuga donde cada año siempre quedaba tan solo la temporada siguiente un capitán de los cuatro elegidos. Entonces Sergio González, debutante en un banquillo, quiso a Salva. El entrenador perico consideraba al volante como un futbolista multiusos en la medular. Igualmente, el curso de la temporada desvaneció al almeriense. Una año más tarde, el interior andaluz se ensambló como mediapunta, empezó de la mejor manera la pretemporada en tierras británicas y el inicio de temporada. Pero volvió a diluirse entre la competencia y la incomodidad de no encontrar el justo lugar adecuado.

Volver a competir, volver a disfrutar y volver a sentirse útil e importante en un equipo que tiene el deber de mirar con trabajo arriba.

Parece más habitual maniobrar 34 años profesionalmente en la dirección de una cabeza que de dos piernas. La importancia de sentirse importante interpreta siempre el papel protagonista en el trabajo. El riesgo también está aunque al final, con el retiro de la actividad laboral más cerca, el paladar está domesticado tras los tropezones del camino. En Mallorca Salva Sevilla es modelo de jugador franquicia. No le entra la ropa de la talla de Segunda División B, sin embargo se la ha puesto pensando que todo es proyecto de un año transitorio. Además, aun ceñido de pies y brazos, ha encontrado el lugar al que se encontraban huérfanos de empoderar futbolistas retransmisores de confianza, de seguridad y de hacer, definitivamente, las cosas bien. Un cometido ligado a su pareja, a veces vive de expareja, llamada resultados.

Empezó con buen pie. Y nunca mejor dicho, pisando por primera vez en corto de rojo directamente sin hacer otra cosa primero que encaminarse al libre directo penetrando la red contraria. Después vendría una asistencia en el doblete de Abdón Prats para poner apresuradamente el nivel espigado. La ropa, por supuesto, ya le apretaba. Un recorrido anual en una misma forma: él ha empedrado de piedra y con Pedraza el mediocentro bermellón a su imagen y semejanza. Un Salva Sevilla capaz de achicar toda la medular a partir de haber circulado en la base del todo sale como rodaje. Cabeza que asimila inputs positivos y este retroalimenta todo el cuerpo. Un engranaje, compañeros futbolistas y un equipo saludable. Salva Sevilla como punto y aparte.

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