Sí, no llevamos ni la mitad del campeonato. Sí, quedan muchos partidos por disputarse. Sí, la Segunda División siempre se hace eterna. Y sí, nunca antes el RCD Mallorca había estado con estos números en la división de plata del fútbol español. Obviemos, por lo tanto, la pasada temporada en Segunda B y, además, centrémonos en el siglo XXI y en la historia reciente del club. Echas la vista atrás y te asustas. O te alegras por lo que estás viendo ahora. También piensas y recapacitas. Estos jugadores sí nos representan. Dónde has estado hasta ahora, Vicente Moreno. Desde la lejanía pensamos en Biel Cerdà o Utz Classen. Por no hablar de la infinidad de jugadores que han vestido la elástica con más pena que gloria. Y reímos, por no llorar. 

La clasificación habla por sí sola. Los números abalan a los bermellones. Pero no solo eso. Interna y externamente se palpa que este Mallorca es diferente. Los aficionados, tal y como quedó demostrado en el partido ante el Málaga en Son Moix, saben que este equipo no es como los de antaño. Y es que si haces las cosas bien, te dejas el alma, sudas la camiseta, da igual si ganas o pierdes, el reconocimiento es el mismo. Externamente todos reconocen que el Mallorca es un equipo. Y ojo con esto de “equipo”. Hacía tiempo que no teníamos uno con cada una de sus letras. Compite ante cualquier rival y en cualquier contexto. “Es el mejor equipo que ha pisado El Molinón”, decían algunos aficionados el pasado fin de semana tras el partido ante el Sporting de Gijón. Algo está cambiando, y eso (nos) gusta. 

Más allá de las sensaciones, los números respecto a otras temporadas también son de analizar. Nunca antes el Mallorca había estado tan cerca de conseguir 30 puntos pasados 18 partidos. Este viernes lo pueden conseguir. Reitero lo mencionado anteriormente. Da igual qué pasará al final de temporada. Obviamente, cuanto más arriba mejor y, sobre todo, lejos del descenso. Pero una cosa está clara: con Vicente Moreno este Mallorca va a competir hasta el último instante. Eso no nos lo va a quitar nadie. Porque los jugadores son conscientes de dónde viene la entidad. Esta situación inigualable -la de llegar ya a los 30 puntos- debe ser un punto de inflexión para volver, ya en 2019, con una carga de moral implacable y soñar

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