5 de marzo de 2019. El RCD Mallorca cumple 103 años de edad. Alegrías. Lloros. Sonrisas. Tristezas. Sufrimiento. Estrés. Emoción. Locura. Tensión. Amor. Y me falta un largo etcétera de emociones que seguro que vivís. Pero lo importante, lo incuestionable, es que seguimos aquí. Tras uno de los peores momentos de la historia reciente de la entidad balear, el resurgir del RCD Mallorca ha sido mayúsculo y actualmente está en una plenitud inmensa. Este texto no tiene el objetivo de clasificar todos los buenos y malos momentos que ha tenido el club, sino resaltar la importancia de que, aun habiendo pasado esos momentos, el aficionado siempre ha estado dando el callo. Porque quien no lo entienda, no sabe nada; pero ser del Mallorca, es algo extraordinario. 

Permitidme llevarlo ahora a lo personal. En las RRSS, las diferentes cuentas del club, preguntan ‘¿quién te hizo del Mallorca?’. Yo, sinceramente, no lo recuerdo. Pero no por falta de memoria -con 24 años sería preocupante-, sino porque no conozco otra cosa. Mi padre, mi abuelo y mis tíos siempre han apoyado al Mallorca. Por lo que la respuesta que muchos daremos a esa cuestión puede ser inexacta, ya que fue un conjunto de seres que te hicieron de este maravilloso club. Por inercia. Por sentimiento. Por tradición. Bendita tradición. 

Ser del Mallorca es ser alegre por ver al equipo de tu ciudad triunfar y codearse con los grandes. Llorar cuando tu equipo baja a Segunda B; pero también lloras cuando asciende. Ser del Mallorca es sonreir con cada partido en Son Moix. Es también estar triste por una derrota que te fastidia todo el finde semana. Ser del Mallorca es sufrir aunque vaya ganando 0-2 (¡cómo nos gusta!). Es estresarte porque no entiendes cómo no ha podido entrar ese balón, ¡si ya estábamos gritando gol!. Ser del Mallorca es emocionarte cada vez que ves cómo salen al césped con la camiseta bermellona o cuando vas por el mundo y ves a gente que luce sus colores con orgullo. Es una locura ser del Mallorca, pero una locura sana, porque así somos los mallorquines. Es estar en tensión los noventa minutos y las dos horas antes de que ruede el balón. Pero sobre todo, ser del Mallorca es amar a unos colores que suman un año más. 

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