Con tu brazalete de capitán, y tu aspecto castizo de piano bar. Te he recordado en alguna ocasión, el número 4 de mi generaciónAsí reza la plegaria que Los Fletchers escribieron en honor a dos heroes ochenteros y bermellones. Uno era Rafael Gallardo Muñoz (Málaga, 1954); el otro, Rolando Barrera. Aunque él tiene su historia propia. Rafael se formó en el CD Málaga, disuelto en 1992 y gérmen del actual Málaga CF, y su primera experiencia lejos de casa no fue del todo satisfactoria. Luis Costa, por entonces entrenador del Mallorca (76/77), recibió buenas referencias de Rafael y puso en marcha su contratación. El club bermellón atravesaba una de sus etapas más críticas: en Tercera división y sumido en una profunda crisis ecónomica y deportiva. Los impagos se convirtieron en religión y Gallardo espantó, volviendo a la Costa del Sol tras tan solo un año. Providente, ya que la situación no mejoró y sus antiguos compañeros protagonizaron la famosa huelga, encerrados en los vestuarios del Sitjar. Ya en la 78/79, con Miquel Contestí como nuevo inquilino de la silla presidencial y el dinero por bandera, una llamada y los pocos minutos de los que gozaba en su tierra fueron suficientes para que Gallardo volviese a la isla. Así comenzaría, de una vez por todas, la historia del gran capitán.

El frondoso y clásico bigote, una de sus señas de identidad.

La estabilidad financiera impulso a un equipo al que, salvo el Poblense, nadie era capaz de toser. Tras una magnífca campaña se consiguió el ascenso a Segunda división B, con el malagueño derrochando sudor y entrega en el centro del campo. Contestí no escatimó en gastos y reforzó al equipo con jugadores de la talla de Paco Bonet. Este ocupaba la misma demarcación que Rafael y lo que pudo palantear un problema, acabó destapando una faceta más del malagueño. Antonio Oviedo le retrasó a la posición de libero, adueñándose del 4 (anteriorimente portó el 10), y sus conducciones de área a área fueron uno de los activos más importanes del equipo. Así, Oviedo y Gallardo, su capitán y hombre de confianza, consiguieron su segundo ascenso consecutivo. “Fue la mejor temporada de mi carrera deportiva, me sentía muy a gusto jugando de libre. Antonio Oviedo me puso allí porque vino Paco Bonet, que era un fuera de serie, el mejor jugador con el que he jugado”, explicaba Rafa a Diario de Mallorca en una reciente entrevista.

El líbero es una posición en la defensa del terreno de juego y que posee la particularidad de estar libre de obligaciones de marca cuando su equipo está en posesión del balón, lo que le permite sumarse al mediocampo en funciones de construcción de juego ofensivo.

Tras dos temporadas de transición en la plata del fútbol español preparándose para la vuelta, en la 82/83 el Mallorca logró volver a primera división. Pese a perder 1-0 en el Bernabéu ante un gran Castilla, el Rayo ganó en Riazor (1-2) y, a la vez que frustraba el ascenso de los coruñeses, hacía real el del Mallorca de Lucien Müller. Rafael Gallardo conseguía así, en tan solo cuatro años, ascender al Mallorca de Tercera a Primera división.

Street art en las calles de Palma, en homenaje del gran capitán. (Obra de @birmingham1999)

Su periplo en la máxima categoría no fue tan exitoso como todo lo anterior. Con Koldo Agurrie fue suplente (“No se por que vino. No se jugaba a nada, era un desastre”), pero el ambiente mejoró con Marcel Domingo, el inventor del marcaje de Amer a Maradona. Una floja temporada no fue suficiente para mantener la categoría y acabó truncando el milagroso ascenso del Mallorca del último lustro. Marcel trató de llevárselo consigo a Francia, su siguiente destino, pero Gallardo permaneció un año más en el equipo, atado por su mujer y sus dos hijas menores. No obstane, tras esa última campaña en Segunda, Contestí, con quién había tenido continuados enfrentamientos (su figura de capitán le obligaba a interceder por sus compañeros en muchas ocasiones), ejerció su poder autocrático para poner punto y final a su carrera como bermellón, tras nueve temporadas y más de 300 partidos, la gran mayoría con el brazalete: “Al final de la temporada, Contestí decidió que no continuase, me echó de malas maneras”.

Acabó su carrera en los campos del Baleares, Club Polideportivo Almería y Antequera, su tierra. En 1985 se retira y años después, tras un desafortunado divorcio, siente la necesidad de huir de Málaga. Palma, su segunda casa, le acogió con los brazos abiertos. Se volvió a casar y tuvo dos hijas más y, pese a no continuar ligado al club en ninguna faceta, aun tararea 4-3-3 mientras recuerda viejas hazañas en el Sitjar.


“Sa Llotja” pretende, a modo de museo y a través de fotografías, personajes, partidos históricos, portadas de periódicos… exponer la historia del Real Club Deportivo Mallorca. Cada jueves, una nueva entrega:

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