3 de diciembre del año 2000, La Romareda. Clásico frío gélido de la noche invernal maña. Los leones se adelantan en la primera parte, pero Luque pone las tablas a los dos minutos de la reanudación. Entonces, Aragonés decide mover ficha: Eto’o, que entonces tenía 19 años y recalaba en la isla en calidad de cedido por el Real Madrid, es sustituido por Stankovich. Nada fuera de lo normal. Eto’o, tal vez, sí que sabía que él estaba destinado a escribir con letras de oro su propio y exclusivo capítulo en la historia bermellona. Pero tan solo él, pues, a ojos de los mortales, era aún uno de los muchos prometedores delanteros africanos que probaban fortuna en el fútbol español. Y por ello, por su deseo incontenible de acelerar el camino hacia Olimpo, gesticula, murmulla y lanza una botella al suelo al pasar por delante de Luis, de camino a su puesto en el banquillo. “Siempre soy el primer cambio”, espetó Samuel ante la incredulidad de su entrenador. Este se levantó, agarró fervientemente a su pupilo por la pechera, y le zarandeo violentamente. Dios, piadoso él, quiso que tan solo el camerunés escuchase las palabras que de su boca salieron. 

El partido prosiguió con dominio absoluto de los isleños, pero no fue suficiente para deshacer el empate. Aquella noche, El Sabio alineó a: Leo Franco; Olaizola, Nadal, Niño, Miquel Soler; Engonga, Marcos, Finidi, Ibagaza; Luque y Eto’o. Tras el partido, cruce de declaraciones. Samuel, quien había sido sustituido en cinco de los nueve partidos en los que había partido como titular, alegó no merecer el trato que estaba recibiendo de parte de su entrenador: “En muchos partidos no estoy cansado, ni nada parecido, pero aquí al que cambian siempre es al mismo. Lo estoy pasando mal y me lo voy a pensar”. Mientras este salía por zona mixta, Luis hacía gala de su lengua sin pelos en sala de prensa: “Yo considero que debo hacer un cambio y lo hago, aunque evidentemente me pueda equivocar. Yo, sinceramente, creo que he acertado, y en ese momento tenía que hacerlo, se llame Eto’o, Pelé o Romario”.

Tras la vorágine, y sin conocer detalles de un viaje de vuelta a Palma qué debió distar de ser cómodo, el de Hortaleza se curó en salud. Curtido en mil batallas, sabía que o dejaba clara su figura o esta situación podría perpetuarse y extenderse al resto de la plantilla. Al día siguiente, Luis reune a la plantilla antes del entrenamiento matinal y le recrimina a Eto’o, delante de todos sus compañeros, su actitud en Zaragoza: “Conmigo no, ¿se entera? Míreme a la cara, conmigo no puede ser. No le di un cabezazo de milagro”. Lo que aparentaba ser un divorcio acabo convirtiéndose en un enlace mucho más fuerte que un matrimonio. El Sabio, que sabía que compartían ese carácter de líder que les hacía incapaces de dar su brazo a torcer, ejerció una figura paternalista sobre el delantero que marcaría por completo su carrera. Aragonés nunca se casó con nadie (o sino, pregúntenle a Futre, Romario o Raúl), pero si que adoptó a Eto’o (con permiso de Toni Tatxa, su padre mallorquín). “¿Donde viviré mejor que en Mallorca? Lo nuestro no es para preocuparse, somos como un padre y un hijo”, contestó Samuel a las especulaciones de su salida de la isla.

Luis, aleccionando a sus pupilos tras el incidente de Zaragoza.

El abuelo, como le llamaba Eto’o, se marchó de la isla después de que ambos consiguiesen un maravilloso tercer puesto en liga, por delante incluso del Barcelona, entrenado por Serra Ferrer hasta la jornada 31. El de Hortaleza dejó como legado un grupo ganador, gérmen de la Copa de 2003, y un comandante general. Pese a su loca juventud, Samuel se convirtió en el líder del Mallorca. Tras el éxito de Manzano en Elche y su marcha al Atlético de Madrid, en la sucesión de carreras cruzadas con Aragonés, y el fiasco de Jaime Pacheco, Eto’o ejerció de director deportivo por primera vez: “Abuelo, vente para acá”. Y Luis volvió a la isla al toque, como quien acude a socorrer a un hijo. Tras una temporada discreta en lo colectivo, pero superlativa del camerunés (17 goles), y él a punto de ponerse a trabajar en su próxima obra maestra (la mejor selección española habida y por haber), llamó al Barcelona: “Fichad a Eto’o si quereis ganar titulos”. Profético, Samuel se encumbró en la ciudad condal como uno de los mejores delanteros del siglo.

Don Luis dejó huérfano a Eto’o el 1 de febrero de 2014. Entonces jugador del Chelsea, el club le impidió asistir al funeral, en Madrid, en un nuevo acto deshumanizador del fútbol. El camerunés, desde la cruel distancia, lloró la marcha de su padre: “Siempre discutíamos, pero nos queríamos. Guardo para siempre excelentes recuerdos de nuestra relación y de mi experiencia con él en el Mallorca. Querido papá, gracias por todas tus enseñanzas, en el fútbol y en la vida. Te vamos a echar en falta”. La paternidad es lo que tiene.

Don Luis Aragonés Suárez (1938-2014). En paz descanse, abuelo.

“Sa Llotja” pretende, a modo de museo y a través de fotografías, personajes, partidos históricos, portadas de periódicos… exponer la historia del Real Club Deportivo Mallorca. Cada jueves, una nueva entrega:

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