Cinco jornadas quedan para que finalice la Liga 123. Cinco jornadas para que, con permiso del playoff, el balón deje de rodar. Cinco jornadas para ascensos y descensos. Cinco jornadas para llantos y alegrías. Cinco jornadas para disfrutar del fútbol pero, sobre todo, del Mallorca.

Lo único que tenemos claro a estas alturas es que el Mallorca no renuncia a nada. Hace poco más de un año se convertía en el campeón del grupo 3 de Segunda División B y hoy está cerca de certificar el playoff y está soñando con el ascenso directo.

Este grupo de jugadores nos ha sacado más de un salto y una que otra lagrimilla. La última el domingo pasado en Son Moix. La penúltima hace dos semanas en Málaga. Y es que esta temporada el equipo de Vicente Moreno no ha parado de demostrar lo que son, un equipo. Un equipo capaz de todo. Un equipo que a día de hoy aspira a todo. Lo saben los jugadores, lo sabe la afición y lo saben los rivales.

La clave de este equipo ha sido la regularidad. Una regularidad que viene desde 2ªB. Una regularidad trabajada a conciencia para ser el equipo que es hoy el Mallorca. Sólido atrás y fiable arriba. Con gol y cerrojo atrás. Es evidente que todo esto no es fruto de la casualidad y que, fortunas a parte y con la boca pequeña, el Mallorca es aspirante a subir a la máxima categoría del fútbol español.

Se ascienda de manera directa, se juegue el playoff o incluso no se juegue nada,el Mallorca se ha ganado el respeto de todo el fútbol. Quién nos diría hace dos años que hoy estamos donde estamos. Es un lujo que tenemos que valorar, agradecer—Morenismo en vena—, y soñar. Soñar con la mano en el escudo y mirando, por qué no, hacia arriba. 

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