Si algo caracteriza al equipo de Vicente y Dani es el hambre. Hambre siempre grupal. Se recogen en la intimidad del vestuario, reciben las reiteradas consignas de los líderes y salen al verde como manada de lobos. Caza uno, comen todos.

Pese a no tener problema alguno para ser el encargado de dictaminar el ritmo del juego mediante la posesión del balón, no son pocas las veces en que los bermellones han esperado a que el rival muestre sus carencias. Sin ir más lejos, frente el Granada (1-1), las ordenes tácticas fueron transparentes: dejar que el rival, acostumbrado a llevar la batuta sin oposición firme, tomáse las riendas. Cuando el balón llegaba a piés de Rui Silva comenzaba el baile. Dani Rodríguez, el jugador que mejor ejemplifica la idea de Moreno, salta a la altura de Budimir para incordiar cada uno a su central correspondiente. Leo y Lago esperan pacientemente, en una segunda línea y en vigilancia, que el río desemboque en uno de los laterales. El 2vs1, con el apoyo veloz de los que parten de posición de delantero, es inmediato y compromete al rival.

Dani y Budimir son los encargados de iniciar la presión, imposibilitando la salida a través de los centrales.

El bloque alto que plantea el Mallorca, aunque no tiene ninguna connotación revolucionaria, ha funcionado a las mil maravillas contra equipos de nivel superior. O bien consigue robar en posiciones adelantadas, adelantando una transición ofensiva ya de por sí eléctrica, o crea una pugna aérea entre los centrales y el delantero rival. Pocos han podido incomodar a Raíllo y Valjent en los cielos, por lo que en la gran mayoría de ocasiones significa la recuperación de la posesión. Y en su detrimento, se crea una segunda jugada en la parcela de Pedraza, que con su trabajo silencioso durante todo el año ha sido capaz de barrer absolutamente todo.

En el más que posible caso de que el balón llegue a uno de los laterales, el 2vs1 se forma en un instante.

El Albacete de Luis Miguel Ramis (4-2-3-1/4-4-2), equipo dominante y que práctica uno de los juegos más vistosos de la cartegoría (sin dejar de lado la efectividad), a buen seguro, querrá monopolizar el balón. Con jugadores de la calidad de Aleix Febas, a quién su entrenador ha incrustrado de manera genial en la base de la jugada, será importante que la soga propuesta por Vicente funcione. No obstante, Zozulya, Acuña o Eugeni son buenas bazas para contrarrestar la supremacía de la pareja de centrales. Los manchegos tienen variantes tácticas y fondo de armario suficiente para plantear un duelo de pizarras de lo más emocionante.

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