Posicionamiento táctico, anticipación, dominio aéreo, liderazgo y poderío físico. El listado de sus cualidades futbolísticas es, como mínimo, igual de extenso que el rastro de botellines que dejó sobre el escenario. Una de las grandes incógnitas del mes de agosto, su evolución y adapatcación meteórica le han convertido en la primera certeza de junio. Su cara de niño desentona con un cuerpo que parece indicar la ingesta de un jabalí diario. Y tal vez allí resida su carisma, como persona y como futbolista.

Con el fango aún por las rodillas tras descender a la Serie C, Martin llegó a la isla con la inocencia infantil que delata su rostro. Tocó acatar y aprender de dos reyes de Segunda B y su rol parecía estar predeterminado a únicamente eso: luchar con Russo por ser el tercer central a expensas de que Raíllo o Xisco flaqueasen. Ha acabado siendo titular en 33 partidos y, seguramente muy a su pesar, relegando al capitán al banquillo. Él y Raíllo han conformado una de las duplas más dominantes de la categoría, con permiso de los García’s -Unai y David-, escribiendo su hueco en la historia a base de secuestrar delanteros rivales.

Desde el primer día, Martin quiso impregnarse de la historia del Mallorca. En su Instagram (@martinvaljent), leyendo “Los cracks se visten de rojo”, de Albert Salas.

Ólvidemos el fútbol. El valor de Valjent transciende. Desde el primer día, se mostró inexplicablemente interesado en conocer, para así respetar, la centenaria historia de la camiseta que portaría. Pongo en duda que en Dubnica nad Vahom, ciudad tan balcánica y sobria como él, jamás escuchase hablar de un club de una pequeña isla del mediterráneo. Incluso mejor que su progresión futbolística ha sido la evolución de su castellano y su constancia a la hora de adaptarse a Palma, a los palmesanos y a su incomprensible sociología. Al Mallorca, a su igualmente incomprensible mallorquinismo y a su gloriosa, larga historia. ¡Hasta a la cerveza local!

No se ha separado ni un solo momento de Sergio Buenacasa, que ha ejercido de padre y le ha acompañado a Son Bibiloni durante todo el año. La imagen, prueba de su adaptación a los refrigerios típicos de la isla.

Ante la imposibilidad de firmar un contrato vitalicio, el Mallorca disfrutará de Martin hasta 2022. Y él, del Mallorca. A sus 23 años, la Primera división será un perfecto escaparate para acabar de derribar la puerta de la selección eslovaca y sentarse al lado de su coetáneo Milan Skriniar. Sin querer parecer presuntuoso: sus cualidades y predisposición son idóneas para recoger el testigo de los grandes centrales bermellones de principio de siglo. Dejen jugar al chico.

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