El RCD Mallorca visitó el estadio Anxo Carro para medirse al CD Lugo de Juanfran en lo que fue el partido correspondiente a la quinta jornada de campeonato en la Liga Smartbank. El encuentro supuso para los bermellones su primer victoria a domicilio del curso, tras ganar por la mínima (0-1) gracias a otra gran actuación coral.

El parón de selecciones planteaba incógnitas en la alineación bermellona, pero Luis García Plaza obró las maniobras correspondientes para lograr un equipo que, por lo menos, igualara las prestaciones de los jugadores con compromisos internacionales: Franco Russo, Sedlar (como centrocampista) y Braian Cufré fueron los elegidos y, sin duda, la actuación de estos estuvo a la altura.

El Mallorca planteó un baile de fútbol que iría cogiendo vuelo con el paso de los minutos. Los de Palma quisieron conocer el suelo que estaba aún por conquistar, y fueron de menos a más desde el principio. La sociedad Oliván-Cufré fue un quebradero de cabeza para el bando gallego, que vio como su rival ganaba a los puntos cuando ambos equipos encaraban el túnel de vestuario para tomarse un respiro.

En la segunda parte se recogieron los frutos: la superioridad en todas las facetas por parte de la escuadra visitante acabó fructuando cuando a la hora de partido Carlos Pita cometió un penalti por mano que acabaría transformando Salva Sevilla. El gol le dio tranquilidad a un Mallorca que siguió dominando las ocasiones más claras hasta que restaban unos 20 minutos de encuentro y el Lugo encontró sus minutos de más peligro con el panameño José Rodríguez como máxima amenaza. La gasolina de los rojiblancos duró hasta que Xavi Torres fue expulsado, y fue en ese momento de superioridad numérica cuando los baleares acariciaron su tercera victoria con la punta de los dedos. Y así fue.

Tres victorias consecutivas, un sólo gol encajado en toda la temporada y una innegable sensación de solidez grupal, sin importar quienes sean los protagonistas sobre el verde. Sin tiempo para celebraciones excesivas, los de LGP deben pensar ya en otra salida complicada: Anduva, donde un incisivo Mirandés esperará con el cuchillo entre los dientes a un Mallorca que empieza a coger vuelo.

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