Nunca es fácil dejar tu tierra y tus raíces de lado para perseguir tus sueños o tus ambiciones, pero a veces resulta estrictamente necesario acometer dicho sacrificio para llegar a alcanzar una meta todavía más grande de la que imaginabas. En este 2021 se cumplirán cuatro años desde que Eder González cambió España por Rumanía para seguir disfrutando de lo que más le ha gustado hacer siempre: jugar a la pelota. Hoy, me siento a hablar con él de fútbol, paciencia y cambios.

Pregunta: Repasando un poco los inicios de tu carrera me he hecho un par de cuestiones, antes de llegar al Real Mallorca, ¿dónde se forma Eder González y cómo vive la primera toma de contacto con el fútbol?

Respuesta: Yo no sabía nada del fútbol. Tenía unos cinco años y mi padre me llevo a jugar a Son Ferriol (Ferriolense), y allí me pase unos cuatro años. En mi última campaña en el club, jugamos contra equipos de nombre como La Salle o como el San Francisco, bastantes se fijaron en mí, y mi próximo paso fue recalar en este último, donde también estuve una buena temporada. La etapa en el San Francisco fue increíble: ahí aprendí a jugar a fútbol. Jugué con grandes jugadores que han llegado lejos como Joan Sastre, Ramiro Guerra o Ángel Rodado. El Mallorca los ficho rápido, antes que a mí, aunque después me tocó a mí el turno y llegué a Son Bibiloni cuando me convertí en cadete.

P: Y llegar al Mallorca, ¿qué tal?

R: La verdad es que yo estuve bien hasta la etapa final. Estoy muy agradecido al Mallorca por todo, allí me enseñaron de qué iba esto del fútbol y de cómo había que comportarse en un cierto nivel de exigencia, aunque sí que es verdad que debo reprocharles el hecho de que les cueste bastante confiar en lo de casa. Se podrían portar un poco mejor con los que  vienen de abajo.

P: Tu etapa arranca en cadetes, cumples dicha etapa en su integridad como también lo haces siendo juvenil, y en tu primer año como amateur haces las maletas y partes cedido a Cornellà (Segunda B), ¿cómo fue desembarcar en Catalunya?

R: Yo aún tenía dos años de contrato con el Mallorca cuando salgo cedido. Las cosas en Cornellà salieron fatal. Yo llegué cuando sólo quedaba una semana para que todo echara a rodar, y cómo te puedes imaginar, el entrenador y el equipo ya tenían una idea muy trabajada sobre cómo jugar y con qué piezas. Yo no tenía sitio en aquel tipo de juego. Creo que fue un simple intercambio de cromos para que yo tuviera una experiencia con un Segunda B, pero es que no jugué ni un minuto de liga. Fue una etapa para olvidar.

Me atrae mucho Hungría, Turquía, Italia. Son todo países con muy buenas condiciones para jugar

P: Y tras esta cesión de medio año, en diciembre (mitad de temporada) la cortan y te mandan al Terrassa (Tercera División), ¿ese segundo préstamo mejoro tu año futbolístico?

R: Para nada, fue más de lo mismo. Allí tuve más oportunidades y en mi opinión aproveché muchas de ellas con buenos minutos, pero lo que falló en Terrassa fue mi feedback con el entrenador, o no le gustaba como jugador o no congeniaba con mi personalidad, porque cómo ya he dicho, pese a jugar buenos partidos no tuve ningún tipo de confianza por su parte.

Eder González, con la camiseta del Terrassa FC. Foto: Terrassa FC.

P: Y tras una temporada tan difícil en lo personal, tú vuelves a la isla y todavía cuentas con un año de contrato con el Mallorca, ¿cuáles eran tus expectativas con lo que se te venía encima?

R: Pese a que me quedaba un año, mis expectativas eran nulas. Llevaba tiempo mentalizado de que en España mi futuro iba a contar con pocas oportunidades de provecho, y cada vez veía más clara la opción de buscar algo fuera.

P: Y entonces se da, tú llegas al Csikszereda de la tercera rumana pero claro, en ese salto intermedio entre dos países la información sobre cómo se cuaja todo es casi inexistente, así que nada, quiero que me lo cuentes todo, ¿cómo acaba Eder González en el fútbol rumano?

R: La cosa fue así. Cuando yo estaba jugando en Catalunya, conocí a un representante que se había fijado en mí varios años atrás, estando aún en el juvenil del Mallorca. Él dio por hecho que yo haría carrera allí, así que no se preocupo demasiado por prolongar dicho interés. Cuando estaba acabando mi cesión en Terrassa, me fue de gran ayuda y me comentó la posibilidad de un encuentro entre nosotros para presentarme una oportunidad que había salido en Rumanía. Un equipo de la tercera categoría, en el que ya había un español, estaba haciendo las cosas bien y tenía el objetivo de ascender. El impedimento principal fue poder salir del Mallorca a coste cero, pero al final lo resolvimos y el traspaso se cuajó. Hablé con mi entorno más cercano, nos pusimos de acuerdo e hice las maletas.

P: Llegas a Rumanía para la 2017/2018 y quiero que te explayes en varios aspectos. ¿Cuáles eran tus expectativas?, ¿cómo va tu primer año en un nuevo país? y ¿cómo te acoge un vestuario como ese?

R: Mi objetivo principal era jugar. Yo quería minutos, como fuera. El equipo venía de haber hecho un gran año quedando segundo, aunque en esta división sólo asciende el campeón del grupo. La verdad es que el grupo no me acogió demasiado bien de primeras, y yo me limitaba a estar con el otro chico de España. Al arrancar la pretemporada me prueban en la banda, donde yo jamás había jugado. Yo soy centrocampista, pero los medios del equipo eran más fuertes y más grandes que yo, y aquel era su sitio. A poco de arrancar la liga, uno de los titulares en el medio se lesiona y ahí es cuando encuentro mi oportunidad en mi posición natural. Consigo jugar buenos minutos, marco mi primer gol, pero después de una mala dinámica, se produce un cambio de entrenador, y el elegido para coger las riendas del banquillo basaba su juego en una estrategia defensiva, y entonces mi papel vuelve a perder algo de protagonismo. He ahí mi primer año: todo nuevo para mí, poca participación y el interrogante de mi futuro en el aire.

P: Al final aguantas el año que te quedaba de contrato allí, llega la segunda temporada y por un nuevo cambio en el banquillo tu situación da un giro de 180 grados, ¿no?

R: Así fue. Al no conseguir el ascenso, la directiva apostó por un nuevo entrenador al que le gustaba mucho más el protagonismo ofensivo y con balón, contexto en el que me sentía mucho más cómodo. Él me da su confianza y voy jugando muchos partidos como interior, como volante y demás. A final de temporada me encuentro siendo el jugador con más minutos del equipo, anotó dos goles clave en el partido que nos permitiría ascender y conseguimos el gran objetivo del club, que era llegar a segunda división. Fue un gran año, pero a mí se me acababa el contrato.

Lo llaman sacrificio y lo es, pero me encanta esta vida de deportista. Quiero aprovechar esta etapa al máximo y llevar mi carrera hasta el punto más alto posible

P: Cierras así tu primer gran año en el extranjero, el equipo sube de categoría, tú eres importante, pero te quedas sin contrato. Se produce entonces, como puedo imaginar, un acercamiento entre la directiva y tú, ¿no?

R: Sin ser yo una persona que se crezca en exceso, yo me consideraba en aquel momento la pieza clave del proyecto. Hice las cosas muy bien en mi último año, lo había jugado todo, y fui yo mismo el que se reunió con el presidente, que es cómo van aquí las cosas. Me ofrecieron una extensión de dos años y acepté, ya que era un primer paso para estabilizar mi situación después de mucho tiempo. El entrenador y los pilares del equipo seguían ahí, había proyecto.

P: Tu primer año en segunda arranca en la 2019/2020, y si no voy mal, es un gran momento de forma fuera y dentro del campo para ti. ¿Se podría decir que pasas de la etapa de estabilidad a la de crecimiento definitivo?

R: Aquella temporada arranca de la mejor manera para mí. Fue, seguramente, mi mejor momento como futbolista. De agosto a diciembre rindo a un nivel altísimo. Las cosas iban bien dentro y fuera porque yo era ya uno de los veteranos y cada vez hacía más vida conforme me iba adaptando definitivamente. Ya hablaba un inglés fluido con el que me comunicaba. Además, el capitán del equipo se retira y tanto el vestuario como el mister deciden que sea yo el nuevo portador del brazalete. Pero entonces llega una grave lesión en el mes de diciembre que lo para todo. Me rompo el tobillo en mi mejor momento cuando equipos de la parte alta de la liga e incluso de primera se habían interesado por mi situación. Pero claro, lo que pintaba muy negro se acabo quedando en mucho menos, porque poco después llegó la pandemia.

P: Eso te iba a comentar. Suena extraño decir que la llegada del confinamiento y el pause de la competición te vinieron bien porque te perdiste muy pocos partidos. ¿Así fue, no?, ¿cómo se vivió el COVID en Rumanía y cómo lo viviste tú?

R: Pues sí. Me sabe incluso mal decir que el inicio de la pandemia me vino bien, pero así fue. Yo me perdí muy pocos partidos de liga, unos 3 o 4 nada más. Yo pase las vacaciones en Mallorca y cuando llegué en enero del nuevo año, el club me mandó a Bucarest para que me atendieran en un centro especializado en la fase final de mi recuperación. Estuve un mes en la capital, muy sólo, pero entrenando muchísimo. Jamás he entrenado tanto ni tan duro como en aquellos 30 días. Recuperarme bien y rápido era mi prioridad. Cuando estaba en dinámica para volver a tener minutos, todo se paró, y es ahí donde encontré una pequeña ventaja personal porque, para ser honestos, yo no estaba al 100% para jugar. Cuando llegó el confinamiento el club se portó genial con nosotros. Nos traían la comida a casa, nos habilitaron las instalaciones para entrenar y se aseguraron de que todo en nuestro día a día era seguro para nosotros.

P: Cuando el confinamiento acaba, la temporada se anula, y sin descensos, la segunda división se agranda a dos o tres equipos más. ¿Cómo preparáis la siguiente campaña y cómo vives tú todos esos meses?

R: Sí, todo se anuló, y pese haber llegado al parón en descenso, la liga no se acaba y la categoría crece en cuanto a equipos. En lo personal, la situación fue algo agridulce porque yo tenía la idea de salir. Había tenido ofertas en Navidad y en verano se sumaron un par más desde primeras divisiones de la República Checa o Azerbaiyán. Pero claro, a mí me quedaba un año, mi equipo pidió mucho dinero y mis pretendientes no estaban para pagar esas cantidades. La temporada la empecé algo frustrado por el hecho de que a mí me hubiera gustado poder aceptar alguna de las ofertas que llegaron, pero a la vez sabía de la necesidad de hacerlo bien para poder cumplir mi objetivo el próximo año.

Sin ser yo una persona que se crezca en exceso, yo me consideraba en aquel momento la pieza clave del proyecto

P: La presente temporada (2020/2021) arranca en Csikszereda pero va a acabar en en el Sepsi OSK, equipo de primera al que recientemente has llegado. ¿Cómo ha sido todo?, ¿cómo se fragua tu traspaso y cómo finalmente accede tu antiguo club a dejarte salir?

R: El curso empieza bien para mí. Me posiciono como uno de los jugadores más destacados del equipo, con aspiraciones a jugarlo todo y como el primer capitán indiscutible. La liga arranca y yo sigo a un buen nivel, pero en el mes de enero vuelven a llegar las ofertas. El cómo se da es algo complicado: el Csikszereda y el Sepsi son equipos que siguen una cultura de raíces más húngaras que rumanas, trabajan de una manera parecida y se financian con un origen común. Funcionan como equipos hermanados, por llamarlo de alguna manera. Y eso resulta el factor definitivo para que el primero de ellos me acabe dejando salir gratis al segundo, con la única condición de preservar el porcentaje de una potencial futura venta. El segundo entrenador del Sepsi, que ya me conocía, se pone en contacto directo conmigo, me plantea la oferta, y siendo una de las mejores que me han planteado desde que llegué, la acepto.

Eder González, con su nuevo equipo en Rumanía. Fotos: RRSS de Eder.

P: Llegas a primera con la ilusión renovadísima, imagino. Cuéntame, ¿cómo son tus primeros pasos en tu nuevo club?

R: Llegué con muchas ganas pero con mucha cautela. El equipo se encontraba en la cuarta posición, entrando el tercero a Europa, los jugadores con los que cuenta el Sepsi son muy experimentados y claro, yo llegando de segunda sabía que tendría que trabajar mucho para conseguir jugar los minutos que me gustaría. Necesitaba un tiempo adaptarme, como es normal. Mi primer partido fue contra el Cluj, un histórico que ocupaba la segunda plaza. Lo hice como titular porque había habido una sanción de uno de los que generalmente ocupa el centro del campo. Lo hice bien, y aunque perdimos me quede con muy buenas sensaciones. Creo que todo el entorno del club se sorprendió de que un jugador como yo, recién llegado de segunda, estuviera a la altura en una tesitura como la de aquel partido. El grupo se fijo mucho más en mí después de aquella noche, y a la semana siguiente, con un brote de COVID por en medio, una nueva oportunidad se me presenta en un partido en el que nos enfrentábamos a un equipo mucho más modesto. Jugué, lo hice bien y hasta marqué un gol y provoqué un penalti jugando de banda izquierda. No fue el partido soñado, pero casi. Las televisiones me dieron el MVP del partido, así que mejor imposible.

P: Un inicio inmejorable, no cabe duda. Habiendo militado desde la tercera categoría hasta la primera, ¿qué impresión puedes ofrecerme sobre el fútbol en Rumanía?, ¿cómo podría compararse al deporte que tenemos en España?

R: Bueno, la tercera división es la categoría más difícil que me he encontrado nunca. Al ser yo un jugador que luce más con pelota y con juego de equipo, me costó muchísimo. Era una división caótica, he jugado en estadios donde era imposible jugar. Segunda tiene una perspectiva mucho más profesional en todos los aspectos. Los aspectos tácticos cobran más importancia, y eso se nota. Y claro, en primera ya es todo esto llevado al máximo. Es una liga extremadamente táctica y en la que hay muchos equipos a los que les gusta tener la pelota. A mí ese factor me beneficia mucho. Me gusta mucho cómo se vive el fútbol aquí. Puede que no sea tan mediático entre la gente como en España, pero la localía aquí es un mucho más clara, la gente es del equipo de su ciudad, al estilo inglés. Se vive como algo muy sano, y está bastante integrado en la sociedad.

P: Y a nivel personal, ¿cómo es ser un joven español en Rumanía? El idioma he visto que bien, ¿para qué engañarnos? También quiero saber qué tal va la gestión de la pandemia por ahí.

R: La verdad es que el rumano lo voy cogiendo bien (ríe). Yo he estado en dos ciudades, y las dos son bastante parecidas. La verdad es que aquí la vida es muy tranquila. Yo he ido haciendo cada vez más vida. Estoy muy cómodo donde estoy ahora y donde he estado. Es un estilo de vida que acompaña mucho para ser futbolista. Volviendo al idioma, lo primero que cogí yo era el inglés, porque en Csikszereda se usaba más el húngaro, y es literalmente imposible. El rumano lo he ido cogiendo a raíz de ir conociendo a más gente rumana de por aquí, siendo mucho más fácil que el húngaro. No se me da mal (ríe). En cuanto a lo del COVID, diría que aquí se hacen las cosas mejor que en España. El control es total, a nivel deportivo y social. Las cosas se están haciendo bien aunque es realmente jodido controlar algo así en cualquier sitio.

P: Para cerrar, dos cuestiones a nivel personal, ¿qué esperas de tu carrera en el futuro? y ¿qué motiva a Eder González en su día a día cuando se levanta de la cama?

R: Uf, la primera es complicada (ríe). Yo ahora priorizo disfrutar aquí el tiempo que me quede. Tengo contrato esta temporada con opción otra. Me encantaría crecer en esta categoría y, ¿por qué no?, salir a otra liga superior en el futuro. Me atrae mucho Hungría, Turquía, Italia. Son todo países con muy buenas condiciones para jugar. En cuanto a la motivación, es bastante sencillo: a mí me encanta mi vida y me encanta el fútbol. Lo llaman sacrificio y lo es, pero me encanta esta vida de deportista. Quiero aprovechar esta etapa al máximo y llevar mi carrera hasta el punto más alto posible.

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