El derbi entre el Poblense y el Atlético Baleares del pasado domingo se saldó con un empate que no sirve a ninguno de los dos equipos para acercarse a sus objetivos.

Fue el primer partido de Xavi Calm como entrenador del club blanquiazul tras la salida de Jordi Roger, apuesta arriesgada de la propiedad, que en lugar de firmar un revulsivo que agite a una plantilla con la moral baja, ha optado por darle el mando al segundo del preparador recientemente destituido, cara conocida por los jugadores desde el principio de temporada. Cierto es que tiene experiencia como primer entrenador en la categoría y que ya conoce el club y la plantilla, y dado lo poco que queda de competición, sería difícil para alguien de fuera tener tiempo para adaptarse e imponer su sello.

En solo un encuentro hay poco margen para evaluar los cambios que Xavi Calm puede proponer tácticamente y si será capaz de elevar la moral del equipo, pero la realidad es que cuenta con muy poco tiempo y mucha urgencia, solo un partido de la primera fase y seis de la segunda para determinar en qué categoría se encontrarán los balearicos en la 21/22. Ya saben que matemáticamente no pueden optar al playoff de Segunda División ni, por fortuna, al descenso a Tercera División.

Una plaza en la nueva 1ª RFEF, para mantenerse en la tercera categoría del fútbol nacional, es el objetivo, y cada punto cuenta. Este próximo domingo, en el Estadi, con público y frente al colista, el Getafe B, es una oportunidad inmejorable para sumar tres puntos y entrar en la siguiente fase con la menor diferencia posible respecto a las dos primeras posiciones que marcan el acceso a dicha categoría. Volver a hacer del Estadi un fortín con la ayuda del público será vital para esta recta final.

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