El Mallorca necesita recuperar su seña de identidad. Y esta no es tan solo la unión y el buen rollo que desprendía el grupo hace dos o tres temporadas. La verdadera marca de este equipo, en lo que se refiere a lo deportivo, es la solidez defensiva. Hasta hace unos meses, enfrentarse al Mallorca era sinónimo de partido incómodo para cualquier contrario. Como una visita al dentista. Ahora, sin embargo, esa sensación queda muy lejos.

Desde la llegada de Javier Aguirre, los bermellones tenían muy clara su premisa de conceder lo menos posible. Su fórmula era clara: la portería a cero era el primer paso hacia los tres puntos. Y funcionaba. Son innumerables los encuentros en los que el Mallorca realizó grandes ejercicios defensivos para salir victorioso.

Tampoco dejó de ser así con Jagoba Arrasate. El mencionar a Aguirre no es una crítica al de Berriatua. De hecho, el actual técnico bermellón supo aprovechar bastante bien la gran tarea realizada por el mexicano en el aspecto defensivo. Y junto a esta faceta, incorporó variantes ofensivas que le aportaron una mayor riqueza al juego del equipo.

En la primera vuelta de la pasada campaña, el nivel que mostraron los bermellones fue más que notable, acabando en puestos europeos. El número de porterías a cero fue seis. En la segunda, el rendimiento bajó de manera clara, y ese número de partidos sin encajar se redujo a la mitad. Uno de ellos, además, fue el de Vallecas en la última jornada, cuando ya no había nada en juego.

Esta temporada, por el momento, son ya nueve goles encajados y ninguna portería a cero. Es cierto que ya se ha jugado ante Barcelona y Real Madrid, pero los tantos encajados ante Celta y Espanyol son fruto de errores que no se deben cometer a este nivel. Tanto de Leo Román, que no está fino en este inicio de campeonato, como en la zaga. El gol de Pere Milla en el partido contra los pericos es un error claro en la marca entre Kumbulla y Raíllo. Y el penalti cometido por el cordobés en el 3-2 es otro fallo tan inocente como evitable.

Si el Mallorca quiere empezar a sumar de tres, el primer paso es recuperar su fiabilidad atrás. Da igual si es con línea de cuatro o de cinco: no se trata de acumular defensas, sino de defender mejor. Porque, para volver a levantar la casa, antes hay que asegurar bien los cimientos.