El Mallorca atraviesa una situación de crisis que exige soluciones urgentes. Unas soluciones que, inevitablemente, pasan por que varios futbolistas de la plantilla eleven su nivel y den un paso al frente. En una entrevista con Diario de Mallorca, el capitán Antonio Raíllo reconoció que el problema actual responde tanto a un bajón “colectivo como individual”. Y él, precisamente, debe ser el primero en asumirlo: en este inicio de temporada no ha sido el Raíllo que todos conocen.
En este contexto, el nombre de Jan Virgili ha emergido como la gran esperanza. “Él y diez más”, dicen muchos. Y quizá no les falte razón. El talento del extremo catalán es innegable, y su manera de jugar transmite algo diferente, especial. Sin embargo, cargar sobre sus hombros toda la responsabilidad del equipo sería un error.
No se puede pedir que un chico de 19 años, que apenas ha disputado un par de partidos en Primera División, sea quien sostenga al Mallorca. Su progresión está siendo rapidísima —hace apenas dos años jugaba en el Juvenil Nacional del Nàstic de Tarragona— y tiene condiciones para ser el mejor jugador del equipo. Pero el liderazgo debe venir de otros.
Empezando por el propio Raíllo, como se mencionaba antes. Martin Valjent, Pablo Maffeo, Sergi Darder o Vedat Muriqi son otros nombres llamados a asumir responsabilidades. Su veteranía, sus años en el club y su peso dentro del vestuario les obligan a dar un paso al frente. No se trata de señalar ni de suspender su rendimiento, pero está claro que ninguno ha alcanzado todavía su mejor versión este curso.
La columna vertebral del Mallorca debe formarse a partir de ellos. Desde esa base sólida, Arrasate podrá construir un equipo competitivo y permitir que jóvenes como Jan crezcan sin presión, brillen y devuelvan la ilusión a la afición mallorquinista.






