La derrota del Mallorca este domingo en Vallecas deja patente que este equipo pinta mal. Jagoba Arrasate ya avisó de que se va a sufrir hasta final de temporada y, de momento, parece que así será. Las causas de esta situación son múltiples. Unos apuntan a la planta noble, otros al entrenador, otros a los jugadores… La realidad es que el motivo por el que los bermellones se encuentran en esta tesitura es una mezcla de todo.
Es evidente que la gestión de Pablo Ortells y la dirección deportiva no es buena. Falta un extremo derecho, es algo que se ve a leguas. Pero el aspecto más débil que tiene esta plantilla es la falta de fondo de armario. Cada vez que el entrenador tiene que mirar al banquillo, las alternativas que hay y que son capaces de cambiar la dinámica de un partido son bien escasas. Y esto, en un fútbol con cinco cambios y donde los jugadores que entran frescos tienen una importancia vital, lastra mucho. En Vallecas, figuras como Sergi Darder o Pablo Torre podían cumplir esa función de darle otro aire al equipo. Pero el nivel de ambos, en la temporada en general, está dejando que desear. Y ahí ya no se puede culpar a Ortells.
A quien sí se podría responsabilizar por esto es a Arrasate. El de Berriatua no está siendo capaz de sacar el mejor nivel de prácticamente ningún jugador de la plantilla. Y su crédito se va agotando con cada actuación pobre que deja el conjunto bermellón, que en ningún está demostrando ese carácter ‘rockero’ y valiente que suelen tener los equipos del vasco. El juego de los bermellones es plano y muy aburrido; da la percepción de que no hay una seña de identidad. «Yo soy el que tiene que enderezar esto», declaró el técnico tras el partido ante el Rayo. Si el Mallorca continúa jugando así, el tiempo para intentar cumplir con su palabra se le irá terminando. La sensación es que los jugadores ya no creen en su mensaje. Y eso es de lo peor que puede pasar en cualquier equipo.
Ortells tiene su parte de culpa, Arrasate también, pero tampoco hay que olvidarse de los futbolistas, que son los que juegan. Mojica y Maffeo están saliendo muy señalados en los últimos partidos. Leo Román salió en la foto de los dos goles del Girona la semana pasada. El nivel de la defensa, en su conjunto, está muy lejos del de otras campañas. En esta primera vuelta, tan solo se han logrado tres porterías a cero.
Del centro del campo hacia adelante, las variantes con las que el Mallorca pretende hacer daño a su rival se reducen a la inspiración de Jan Virgili y al olfato goleador que está demostrando Muriqi, con sus once tantos. Qué importante será que el kosovar no coja ni un resfriado. Como ya se ha mencionado anteriormente, el rendimiento de jugadores como Sergi Darder o Pablo Torre, que teóricamente deberían marcar diferencias, está muy lejos de las expectativas. Tampoco hay que pasar por alto el pasotismo de algunos como Takuma Asano.
Está claro que el problema de este Mallorca es global. Por donde se tiene que empezar es por acercar al aficionado al club, y no alejarlo cada vez más. Y ahí también entra la parte de responsabilidad de Alfonso Díaz. Después habrá que esperar a que Pablo Ortells, por fin, haga un buen mercado. Y por último, que el entrenador sea capaz de que los jugadores crean en él y rindan en el campo. Porque la única noticia positiva, a día de hoy, es no estar en posiciones de descenso. Pero si sigue así, será cuestión de tiempo.






