Acaba de terminar la primera vuelta de la competición y el Mallorca acumula más de un problema. No es sorpresa para nadie que en lo futbolístico no ha sido el mejor año para el club y, de una manera u otra, esto ha acarreado cierta tensión entre directiva, jugadores y aficionados. Por otro lado, entre los casos de Pablo Maffeo y Dani Rodríguez, la incertidumbre que genera el cuerpo técnico actual y las gestiones en lo referido al mercado de fichajes, la figura bermellona se ha ido deteriorando en lo extradeportivo. Como apuntamos el lunes, el Mallorca tiene un problema global.

Asimismo, el club que este mismo año conmemora el 110 aniversario de su creación, se está olvidando del que es su mejor activo históricamente: la afición. Si bien tal vez se está viendo abrumado por los conflictos más visibles, en segundo plano encontramos a un aficionado descontento con la gestión del equipo. Desde el exagerado precio de la entrada al estadio, lo que demuestra la prevalencia del enfoque económico por delante del deportivo, hasta recientes acontecimientos como la falta de un evento conmemorativo a nuestro querido D. Miguel Contestí, demuestran el que verdaderamente es el mayor problema de la entidad: aquí nadie da la cara por el aficionado y, cuando la da, no hace nada más que empeorar las cosas. 

El caso Mojica

Tras la importante derrota y un partido más que insuficiente contra el Rayo el pasado domingo, los jugadores del Mallorca tuvieron que enfrentarse a las críticas, en su llegada a Son Moix. Sin embargo, el único futbolista que dió la réplica a los comentarios de los aficionados molestos fue Johan Mojica. El lateral colombiano no pasa por su mejor etapa y el club lo está notando mucho. Su desdén en defensa y algún que otro gesto problemático propiciado hacia la grada, ha hecho que el vídeo que ha circulado por redes encarándose con un joven mallorquinista, no sea una sorpresa para nadie. La actitud que muestra el ya veterano jugador de La Liga, acumulando 9 temporadas en 6 clubes distintos, es un claro ejemplo de la inmadurez mostrada por el club frente a las disconformidades del aficionado. El problema no es tan solo del jugador; lo es de una entidad que no tiene claro cómo solventar esta ruptura y se puede resumir ahora mismo con la imagen de Pablo Ortells, tras el enfrentamiento de Johan, pidiendo “unión” y calma entre los seguidores.

El Moviment Mallorquinista no se queda atrás

Antes de terminar el 2025, el Moviment Mallorquinista tiraba la primera piedra contra la gestión del club, mediante un comunicado que muestra la decepción global que hay respecto a la frialdad institucional de la directiva. “Poco a poco, la gente siente menos al Mallorca”, defiende el mensaje de la peña bermellona, que no está lejos de la verdad y que recae, de nuevo, en manos de la dirección.  Bajo el argumento de que el Mallorca es un club de fútbol, y no solo una empresa, el comunicado protesta sobre la gestión de recursos para mejorar la experiencia VIP, la desatención del aficionado y el falso discurso de positividad que nos están vendiendo. Menos mal que, en nombre de todos, el Moviment Mallorquinista deja en claro que aún nos quedan fuerzas para colaborar y que todo está en volver a ser un conjunto. 

Si bien ahora la mayor preocupación del Club es no descender a la segunda división, seguro que no soy el único mallorquinista que disfrutaba más los partidos en aquellas temporadas que buscábamos el ascenso, dónde sí se veía un equipo unido, había un sentimiento puro por los colores y una relación muy cercana club-aficionado. No digo que la solución esté en bajar la categoría, pero posiblemente sí se recuperara la gestión del momento, podríamos contar con un equipo libre de egos, con una proximidad más adecuada y una estrategia deportiva que vuelva a crear ilusión en el RCD Mallorca. Ahora es el momento de alzar la voz, de cumplir nuestro papel como afición y apretar; para intentar que esta situación no sea irreversible. El resto, está en las manos del Club