Hace unas semanas ya hablamos de que la relación club-aficionado está rota y no tenemos intención de repetirnos. Cada uno parece estar librando su propia batalla y el problema reside en que deberían hacerlo juntos. Sin embargo, el Mallorca parece tener otras intenciones al respecto, lo que está generando un gran descontento entre los mallorquinistas. Por su lado, la afición resiste los golpes constantes manteniendo la unidad demostrando, de nuevo, ser el activo más valioso que tenemos

Actualmente ser seguidor del Mallorca es más bien un deporte de riesgo. Se pierde mucho más de lo que se gana. Si bien asociarse al club por “moda” está en decadencia, pues en cierta parte se ha perdido la ilusión global, la figura de seguidor fiel está más involucrada que nunca. Si comparamos el promedio de asistencia a Son Moix de la temporada actual con la 24/25, hay una caída de más 1500 aficionados asistentes por partido. Somos el cuarto equipo con menos promedio de asistencia al campo. Esto refuerza la idea del declive general, pero no excluye la figura de los más leales. De hecho, en contraposición, ahora más que nunca llenamos las gradas visitantes en los desplazamientos. Aunque no haya datos oficiales actualizados, el pasado mayo ya se hablaba de un crecimiento del 52’9% en asistencia y, en la actualidad, hay mucha más movilización de la que había la temporada pasada. Está claro que, a pesar de los malos resultados, hay un sector de la grada que mantiene la ilusión y que decide apoyar hasta en los momentos más bajos.

La situación no acompaña

Tras la pobre derrota contra el Atlético de Madrid, el Mallorca regresa al abismo. Además, las nuevas declaraciones pasivo agresivas de Dani Rodríguez y el nefasto mercado de fichajes que se está llevando a cabo suponen un desquiciamiento para el aficionado difícil de procesar. Aún así, saltaban las noticias del gran número de seguidores que viajaron al Metropolitano con la intención de animar al equipo; aunque rápidamente los ánimos se acabaron convirtiendo en pitos

La cosa va de números

Ahora mismo la situación del club gira en torno a números concretos y no son especialmente positivos. Entre los datos de concurrencia en pleno ocaso, la carencia de presupuesto para fichar o renovar figuras como la de Omar Mascarell y los pocos puntos con los que contamos, parece que no hay ningún dígito que juegue en nuestro favor. Lo único destacable son los 14 goles de nuestro número 7, que sientan agridulces si tenemos en cuenta que equivalen al 58’3% de nuestros tantos totales está campaña.

Sin embargo, el “jugador número 12” sí supone un refuerzo para la entidad. No estoy hablando de Samú Costa (aunque también podríamos elogiar sus participaciones); me refiero a la afición (pues así es como se conoce popularmente a la hinchada).

En definitiva, parece negativo deducir que los mejores highlights de esta temporada hayan sido llevados a cabo por la afición en sus masivos desplazamientos (más meritorios teniendo en cuenta que estamos en una isla sin tantas conexiones) en estadios como el Ramón Sánchez-Pizjuán, el RCDE Estadium, San Mamés o el Coliseum. Sin embargo esto supone una base sobre la que construir y deducir que, a pesar del declive, el RCD Mallorca siempre va poder contar con su mejor jugador y que, aunque no rinda en el campo, lo hace desde la grada