Con la irrupción del fútbol moderno, tal como lo conocemos hoy en día, ha surgido un perfil de jugador que todos los equipos creen necesitar. Con los nuevos esquemas tácticos asimétricos, las variantes de los sistemas de juego y otras técnicas innovadoras como el bloque alto o la defensa tirando la línea de fuera de juego; el fútbol ha tendido hacia lo cuadriculado, lo menos atrevido y estético. No es sorpresa para nadie destacar que se meten menos golazos, que brillan menos jugadores regateadores y que, en general, los partidos son más aburridos.
Dentro de este nuevo formato mucho más efectivo que entretenido, se realza una figura (también bastante reciente) que rompe los esquemas de un partido y que devuelve la magia al juego que tanto echamos en falta; desde que los extremos puros se han convertido en centradores y han dejado de ser encaradores natos. Estoy hablando de la posición de mediapunta, en su versión de “10 moderno”.
Sin embargo, en Mallorca es un poco distinto. Actualmente el club bermellón tiene problemas en todas sus líneas: en portería, a pesar de la última actuación de Leo Román, no acaban de ser del todo regulares; en defensa no están teniendo su mejor temporada; el medio campo tiene claros y oscuros por igual; y arriba sí están siendo sorprendentemente efectivos, pero no generan lo suficiente. De hecho no es nada nuevo, ya que el equipo lleva años sin una plantilla larga, diversa y mucho menos completa. Por ello, el esquema se ha inclinado naturalmente hacia un enfoque más defensivo, en el que el jugador referencia (en nivel y carisma) ha sido Vedat Muriqi, teniendo uno de los perfiles de juego menos atractivos para el espectador.
Hasta ahora, podríamos decir que esto ha funcionado significativamente, pero la crisis que atraviesa el club ha hecho que nos cuestionemos si estamos contentos con el estilo que ofrecemos. El mismo Jagoba, cansado del sistema conservador, prometió recuperar un juego más vertical que le caracteriza como entrenador, aunque parece que aún no lo ha conseguido.
Aquí es donde entra Pablo Torre. Su fichaje en el mercado de verano generó una gran expectación y, para muchos, esperanza de ver a un Mallorca más atrevido. De hecho las actuaciones de Jan Virgili corroboran esta versión. Sin embargo, y a pesar de los múltiples intentos, el mediapunta ex-barcelonista no termina de arrancar. Podemos señalar su escaso nivel, aunque también podríamos justificarlo por su falta de continuidad. Lo que está claro es que tiene una proyección que no se está aprovechando. Entonces, ¿dónde está el problema?
Pablo Torre no encaja tácticamente
Pues bien, parece ser que es principalmente un problema táctico. El perfil de Pablo Torre es creativo, asociativo y decisivo en el último tercio. Tiene un buen golpeo de balón y vive de recibir, orientar y decidir rápido. El jugador idóneo, si no fuese porque no tiene hueco en el esquema mallorquinista. En las últimas temporadas, no ha habido ningún jugador que ejerza las mismas funciones dentro de este sistema, a pesar de haber contado con varias opciones. Dani Rodríguez cumplía un papel más vertical y llegador; Kubo era propiamente un jugador de banda veloz y muy dinámico; y Kang In Lee era un creador autosuficiente, que entendía muy bien las exigencias de Muriqi, tenía buena conducción y un tren inferior sólido preparado para el choque corto. Podríamos decir que, con ciertas distancias, desde Ibagaza o Valerón no ha habido un 10 del perfil de Pablo Torre.
De hecho, actualmente es Sergi Darder el que ocupa esa posición, aportando un juego muy distinto al que nos referimos. El mallorquín es más horizontal y distribuidor, tiende a bajar a recibir el balón y está funcionando pues deja un espacio a la llegada de Samu Costa, quien está más rematador que nunca en su versión más box-to-box. Por otro lado, Darder carece de agresividad en ¾ y está siendo poco decisivo en ataque. El caso es que, de una manera u otra, el fútbol de este equipo se ha acostumbrado a girar en torno a este concepto de mediapunta, que más bien ejerce de tercer mediocampista. De hecho en el esquema táctico defensivo, dependiendo mucho de quien le acompañe en el campo, se comporta como un interior más e incluso a veces se perfila a banda.
El RCD Mallorca ha probado distintos sistemas de ataque a lo largo de la temporada. El más usado, el 4-2-3-1, seguido de su reconocible aunque algo menos reactivo 5-3-2 (o 5-4-1, según alturas) y algunos intentos de “doblar los laterales” jugando con un 4-4-2 bastante más defensivo. El caso es que en todos estos esquemas, el único que contempla la figura posicional de la que hablamos es el de la defensa de 5; pues ya hemos visto que en su forma de 4 defensores no ejerce esa función concreta. Es decir, parece ser que el “10 moderno” solo encaja en Son Moix si se utiliza el esquema que tanto Jagoba como la afición prefieren no utilizar.

Ni Jagoba ni Torre se rinden
En parte lo mencionado hasta ahora es correcto, y en parte no. Ya hemos hablado de que el fútbol actual se modera por sistemas asimétricos, en los que los jugadores no tienen una sola función y que su posicionamiento y participación dependen mucho de la situación del partido. Si bien antes todos los jugadores que compartían posición ejercían funciones parecidas, ahora cada uno tiene su propia tarea individual; como podemos ver con Jan Virgili (que abre y desequilibra) y Mateo Joseph (que fija los centrales y busca espacios). Pues bien, en base a esto, es algo contradictorio encasillar a Pablo Torre en una posición y función específicas. Por eso mismo, hemos visto distintas versiones de su juego incluso a lo largo del mismo partido.
De 21 apariciones que ha tenido entre Liga y Copa (10 como titular y 11 desde el banquillo), 17 han sido como mediapunta, 3 como mediocentro y 1 como extremo izquierdo. En sus participaciones en el centro del campo, hemos podido observar una tendencia hacia una adaptación de perfil, en la que el jugador baja a recibir el balón para ayudar a desatascar el juego e incluso adquiere funciones de interior más propias del estilo de Darder, ganando protagonismo en el juego general y alejándose un poco más de su cualidad decisiva. En otros casos, con una intención más vertical, se ha orientado a banda para encarar el último tercio, para generar superioridad junto a Jan o Mojica o para aprovechar su buen golpeo de balón a favor a los centros al área. Básicamente, el técnico mallorquinista ya ha contemplado distintas variables para encontrarle el hueco en la plantilla.
Otro conflicto surge en su compatibilidad con Sergi Darder, que aunque por el momento parece complicada, sabemos que si son capaces de repartirse las funciones pueden darle un añadido de ataque y dominio del balón en el centro del campo, muy necesario ahora para el club. Ya son varias las veces que han coincidido en el sistema de Arrasate y poco a poco son más conciliables. Asimismo, son varios los elogios que ya recibió en pretemporada sobre su nivel y que ahora se reafirman tras conocer que el jugador está realizando trabajos extra para recuperar la confianza de Arrasate.

En definitiva, el Mallorca tiene entre sus arcas un potencial que tanto al club como al jugador les interesa aprovechar y, aunque aún no lo hayan conseguido, parece ser que tarde o temprano dará sus frutos. Lo cierto es que está teniendo buenos minutos últimamente. El equipo no pasa por un buen momento deportivo, lo que se traduce en una mala relación con su afición, pero es cuestión de encadenar unas cuantas buenas actuaciones para que figuras como la de Pablo Torre muestren una cara más esperanzadora. Por lo que sabemos, el jugador no tiene pensado rendirse fácilmente y, a pesar de que su encaje táctico ahora mismo es un tema a solucionar, el aficionado debe confiar en que Arrasate encontrará la forma y tarde o temprano podremos ver la estrella que fichamos en verano y que seguro nos dará más de una alegría en un futuro.






