La figura de Jagoba Arrasate como técnico del club llevaba meses acumulando derrotas, tensiones y mucha inestabilidad. Estos motivos, sumados a la delicada situación del equipo en la clasificación, ubicándose en puestos de descenso por decimosegunda vez esta temporada, han provocado lo inevitable. El pasado 23 de febrero a las 21:49 el Mallorca lanzaba un comunicado con una noticia muy esperada por algunos: el entrenador vizcaíno era destituido como entrenador del RCD Mallorca. A las pocas horas se revelaba que la decisión del cese recaía en Andy Kohlberg (presidente y máximo accionista del club), quien ya no confiaba más en Jagoba a pesar de que Ortells pretendía mantenerlo.
Si se trata de una decisión correcta es algo que aún está por ver. Sin embargo, no cabe ninguna duda de que la dirección deportiva le ha dado tiempo más que de sobra para maniobrar y, por parte del técnico, no ha habido una respuesta esperanzadora. No solo se trata de los escasos 24 puntos que ha conseguido en 25 jornadas, sino también de la insuficiente reacción que ha habido respecto a la imagen, estilo de juego e intención del conjunto mallorquinista. Jagoba llegaba como un entrenador consolidado con un perfil de juego atractivo, respecto al bloque bajo de Aguirre, y después de una temporada y media apenas hemos podido ver resquicios de su carácter táctico.
Las claves del fracaso
En junio de 2024 se hacía oficial la incorporación de Arrasate tras la destitución de Aguirre. Después de una temporada agridulce, en la que el Mallorca soñaba con la Copa del Rey pero tenía pesadillas con el descenso, el club apostaba por un cambio de aires con intención de reestructurar el banquillo y enfocarse en un juego más propositivo en el que ser protagonistas.
La primera vuelta de esa misma temporada superó las expectativas de todos, pues el equipo se encontraba en puestos de Europa y ofrecía un juego atrevido, eficaz y esperanzador. Sin embargo, poco a poco esta imagen se fue desvaneciendo hasta llegar a la situación actual, en la que vemos unos jugadores perdidos, sin un esquema claro y un estilo lejos de ser eficiente. El club ha pasado de funcionar perfectamente como colectivo a destacar solo por las individualidades.
Entre medias del declive futbolístico, han tenido que lidiar con innumerables conflictos extradeportivos que han terminado por limar la figura imponente del entrenador. Entre las polémicas de Pablo Maffeo, la disputa con Dani Rodríguez, la insatisfacción de la afición y un aparente abandono de parte de la gestión deportiva en cuanto al mercado de entradas y salidas, han conseguido ningunear a Jagoba y poner en duda su capacidad como gestor de grupo.
Lo que está claro, es que al encontrarse en una situación delicada de forma constante, no ha podido expresar su juego de forma incondicional y su intervención en el campo ha pasado desapercibida, siendo tachada de insuficiente y conservadora. A pesar de tener las piezas (aunque muy condicionadas por el contexto), Jagoba Arrasate no ha conseguido aprovecharlas, haciendo que poco a poco el equipo haya perdido su tono.

A esperas de un comunicado oficial, parece que Martín Demichelis va a ser el elegido para ocupar el banquillo para lo que resta de temporada. Sin embargo, son varios los nombres que se barajan y aún no hay una decisión cerrada. Luís García Plaza, Javi Gracia, Siviero o García Pimienta son opciones reales, aunque todos están condicionados por el contrato de corta duración que ofrece el Mallorca. A falta de 13 jornadas el club necesita una reacción instantánea que nos aleje de los puestos de descenso que recaerá en manos del técnico que sea elegido y que, esperamos con optimismo, cumpla con las expectativas.






