La jornada 25 de La Liga está a punto de empezar y la situación del RCD Mallorca está realmente lejos de lo que era en la temporada pasada a estas mismas alturas. Después de una impecable primera vuelta y tras la Supercopa de España, el club contaba con 35 puntos que poco a poco se fueron estancando, siendo éste el punto de inflexión en el que el cuadro mallorquinista empezó el declive que le sigue persiguiendo hasta día de hoy, posicionado en puestos de descenso. Hace 1 año soñábamos con Europa League y ahora nos conformamos con la permanencia.

Sin embargo, partiendo de un criterio objetivo, las diferencias no son tan abismales. El fútbol es un deporte de momentos, de estados de forma y de algo de fortuna. Aquella primera vuelta tan efectiva no correspondía al nivel real de los jugadores, quiénes estaban en un momento dulce y rendían por encima de sus capacidades. Exceptuando la figura de Dani Rodríguez, la plantilla actual no tiene ninguna baja respecto a aquellas jornadas que no haya cubierto con un perfil parecido. De hecho, incorporaciones como las de Jan Virgili o Pablo Torre mejoran con creces lo que teníamos antes. 

Aún seguimos vivos 

Actualmente el equipo cuenta con 24 puntos, 11 menos que en la 24/25, y todo parece irrescatable. No hay que dejarse engañar. A pesar de que los resultados no son los esperados y que la inestabilidad es evidente, somos más goleadores que antes (29 tantos frente a 24) y la plantilla es algo más amplia y diversa. El problema seguramente reside en que la huella de Aguirre se desvanece y ya no somos tan rocosos en defensa (de 31 encajados a 39). No obstante, estos datos nos dejan ver con claridad que aún somos capaces de dañar a nuestros rivales; y más aún con Muriqi con el punto de mira afinado. 

Vedat Muriqi, desolado en Son Moix

Es importante tener el rol claro

Son varios los entrenadores que destacan de los jugadores que cumplir un rol específico puede ser una de las mejores virtudes. Lo decía Pep Guardiola con su obsesión en la estructura y, recientemente, lo declaraba Davide Ancelotti sobre Joselu en el Madrid. Sucede algo muy parecido en Mallorca. Jugadores como Raíllo, Mascarell o Samú Costa conocen sus funciones y, a pesar de que puedan no tener un buen día, su rendimiento casi siempre supera el aprobado, pues tienen muy claras sus tareas esenciales. Debemos extrapolarlo a la figura del club. El Mallorca no es un club de Europa; pero tampoco es un equipo de descenso. El conjunto tiene que aclarar sus pretensiones para crear una base sobre la que trabajar y, a partir de allí, empezar a soñar con objetivos mayores.

En las últimas jornadas, algo agridulces en resultados, el equipo transmite algo nuevo. Está por ver si se trata de algo positivo, pero por ahora da una sensación distinta que parece optimista para el futuro. Las buenas actuaciones individuales se mantienen y están surgiendo figuras con un buen rendimiento. Los puntos aún no han llegado y la inestabilidad sigue presente, pero el conjunto se está volviendo más incisivo y parece que jugamos con algún propósito. Algo está claro: no era normal la situación en la jornada 25 de la temporada anterior, y ya hicimos suficiente por compensarlo a mal; pero tampoco tenemos que acostumbrarnos a oscilar entre el descenso y la permanencia. Tenemos plantilla y cuerpo técnico para aspirar a más y aún estamos a tiempo de hacerlo. Tal vez, el problema reside en no saber valorarnos con criterio. De lo que no cabe duda es que aún hay margen de repetir la primera vuelta de la 24/25 y todo empieza con una buena actuación este domingo en Vigo.