Jagoba Arrasate dijo en la rueda de prensa de su despedida que el nuevo entrenador del Mallorca tenía que “creer en la plantilla” y no estar “contaminado”. Dos premisas —especialmente la segunda— que Martín Demichelis cumple. Muchos mallorquinistas verán la apuesta por el técnico argentino como arriesgada, debido a que no tiene experiencia en Europa ni se ha visto antes en una situación de este tipo como entrenador.

Otros, en cambio, se agarrarán a ejemplos recientes de otros equipos, como el de la Real Sociedad de Rino Matarazzo. El estadounidense no era conocido por nadie en España y ha logrado darle un lavado de cara completo al conjunto donostiarra: cerca de posiciones europeas cuando hace pocos meses estaba en la lucha por el descenso y clasificado para la final de la Copa del Rey.

La Real Sociedad puede ser uno de los espejos en los que deben mirarse Demichelis y el Mallorca para darle la vuelta a la situación. Los txuri-urdines son ahora un equipo intenso, bronco y extremadamente competitivo, con jugadores que rendían muy por debajo de su nivel y que ahora parecen otros. Salvando las distancias —porque la Real Sociedad es un club acostumbrado a competir en Europa en los últimos años y con una plantilla superior a la de los bermellones—, el técnico argentino puede fijarse en el trabajo de Matarazzo, un entrenador que tampoco estaba “contaminado”.

Demichelis ya ha demostrado confianza en la plantilla y también ha dejado claro que ni está “contaminado”, ni quiere contaminarse: “Desconozco totalmente los problemas que hubo y no me interesa ni saberlos”.

Además, a diferencia de otros candidatos como Javi Gracia o Xavi García Pimienta, el respeto que impone una figura como la suya dentro del mundo del fútbol es distinto. Este Mallorca necesita un líder, alguien que llegue sin cargas del pasado. Un entrenador que no esté “contaminado”.

Y Demichelis, sin duda, lo es. Ahora queda por ver de qué es capaz el argentino con estos futbolistas.