La temporada 25/26 de La Liga no va a ser recordada por ser una de las mejores que ha vivido el fútbol español. En un año en vísperas del mundial, del cual partimos como una de las favoritas, el fútbol de clubes ha dejado mucho que desear. La sobrecarga de partidos (y sus consecuentes lesiones), la irregularidad de algunos equipos, la ambigua participación en competiciones europeas y el recurrente debate a favor de la Premier League como la liga de más nivel, han terminado por debilitar nuestra competición y, sobre todo, la calidad de su entretenimiento. No es sorpresa para nadie que en los últimos años ver fútbol es menos divertido. Como respuesta a las exigencias evolutivas y a una sociedad mucho más planificada, el deporte rey ha ido perdiendo su espontaneidad hacia un modo de juego en el que se prioriza el control, la teoría y la efectividad por encima del entretenimiento. Se han perdido perfiles muy atractivos en el campo y han surgido otros que, de una manera u otra, cuadriculan el juego sistemáticamente. Sin embargo, no estoy descubriendo nada nuevo. Ha ocurrido lo mismo con el cine, el arte o incluso la música; disciplinas en las que se ha ido buscando la perfección perdiendo así cierta esencia de naturalidad y sorpresa.
Por otro lado, no necesariamente este cambio hacia el modernismo es el culpable de un fútbol más aburrido (argumento que coge más fuerza tras el partido de Champions de ayer entre Bayern y PSG en la que pudimos ver uno de los mejores encuentros de la historia de la competición y, cuyos partícipes, suelen ser practicantes de este futbol total tan anhelado), pero a mí parecer si es un precedente importante que ha influido en el fútbol como ocio para aficionados y jugadores, con una tendencia clara hacia los intereses económicos.
Dicho esto, la temporada “insípida” que hemos vivido no se explica solamente por eso, sino por un conjunto de actuaciones tanto individuales como colectivas que le han quitado la magia tan reconocible que tiene nuestra competición. Partiendo de que el sistema arbitral y su normativa no funcionan, suponiendo así un foco de debate constante y un nido de errores repetidos, sumado al rendimiento irregular de equipos como Elche, Valencia, Real Sociedad o Espanyol y algunas otras polémicas recientes, como la venta de una de las estrellas del Deportivo Alavés a un equipo de la 2ª división inglesa por una cantidad (8 millones) que no se pueden permitir la mitad de equipos de nuestra clasificación y el protagonismo constante de Madrid y Barcelona en prensa e incluso política, han terminado por conseguir una temporada en la que el nivel de juego no es el protagonista.

Históricamente hablando, la 25/26 contará con uno de los accesos a Europa “más baratos” y una de las permanencia “más caras” del siglo. Incluso en esta igualdad negativa puede residir el entretenimiento, si tenemos en cuenta que a estas alturas de la temporada el foco se lo suelen llevar quienes pelean por el primer puesto y, en este caso, ya parece estar resuelto sin mucha emoción. De hecho, la situación de empate en términos de descenso, es más propia de la Hypermotion (uno de nuestros bienes más preciados) que de la “todopoderosa” primera división. Igual por eso mismo, 3 de los 9 involucrados en la lucha de la permanencia, acabarán recalando en esta segunda división, también conocida popularmente como “hypertensiones”.
La situación actual es delicada: con 15 puntos en juego, sólo podemos dar por muerto al Oviedo y por salvado al Athletic (10º clasificado). Al resto les separan tan solo 6 puntos entre sí y, de repente, el que estaba hundido está resurgiendo y al que le dábamos la permanencia asegurada se encuentra en plena decadencia. El Mallorca se encuentra en un punto medio. La clasificación nos ubica en el puesto 17 (que visto lo visto, firmaríamos todos para que se terminara así la temporada) y si bien venimos de encadenar una dinámica positiva y parece que tenemos una de las mejores plantillas de entre los rivales directos, estamos a una derrota de entrar en la zona roja. De aquí surge mi duda: ¿y sí no somos suficientes? La prensa global, popularmente sesgada por los highlights, nos daba por salvados la semana pasada. Las estadísticas nos dan en torno al 30% de probabilidades de acabar cayendo y, tras la derrota contra el Alavés, ni yo tengo tan claro que seamos favoritos en la permanencia. El calendario nos favorece, pero tenemos 35 puntos y la línea de peligro ha llegado a estar en 43 puntos, en una temporada (2010/11) en la que descendió el Deportivo y fue el propio Mallorca el que se salvó con 44. Todo el mundo quiere tener un récord, pero esperemos que no sea el del equipo descendido con más puntos en la historia de La Liga.
Lo que está claro es que dependemos de nosotros mismos, ya sea por el mal de otros o por nuestro propio mérito. En mi humilde opinión, los descendidos serán Oviedo, Levante y Alavés, pero creo que es una corazonada sin fundamento.
Si la temporada del fútbol español no será recordada de forma positiva, la del Mallorca, descendamos o no, está destinada a ser olvidada.






