Al RCD Mallorca se le ha acabado el margen de error. Después del empate ante el Villarreal, el equipo bermellón entra en las tres últimas jornadas con la permanencia todavía en juego y con la sensación de que cada detalle puede decidir una temporada entera. El conjunto de Martín Demichelis llega exigido por una clasificación comprimida en la zona baja y por una dinámica irregular que le ha impedido cerrar la salvación antes de tiempo. El punto conseguido en Son Moix dejó sensaciones contradictorias: el equipo reaccionó, generó ocasiones y volvió a apoyarse en el gol de Muriqi, pero también confirmó que sigue sufriendo demasiado para transformar su dominio en victorias.
El primer examen llega en el Coliseum ante el Getafe CF, probablemente el partido más incómodo de los tres que quedan. El equipo de José Bordalás convierte cada encuentro en una batalla física y emocional, y Demichelis ya avisó en la previa de lo que espera: “Sabemos que nos enfrentamos a un equipo que, como local, es el que más corta el juego”. El técnico argentino insistió además en que el Mallorca no puede mirar más allá de esos noventa minutos: “Hay tres puntos que ir a buscar allí”. La vuelta de Pablo Maffeo supone un alivio para un equipo que necesita competir con más agresividad lejos de Son Moix, donde ha dejado escapar demasiadas oportunidades durante la temporada.
Después llegará un duelo todavía más cargado de tensión frente al Levante UD, un rival directo que puede convertir la penúltima jornada en una final por la permanencia. Ahí aparecerá el verdadero termómetro competitivo del Mallorca: gestionar la presión, sostener el nivel defensivo y aprovechar el impacto diferencial de Muriqi, el futbolista que ha mantenido vivo al equipo durante los momentos más delicados del curso. La sensación es que el conjunto bermellón depende demasiado de su delantero kosovar y de los chispazos de Sergi Darder para desequilibrar partidos cerrados. Si el Mallorca llega vivo a esa cita, Son Moix jugará un papel decisivo, porque el entorno entiende perfectamente que el equipo está entrando en la famosa “zona Luis Aragonés”: donde ya no se juega, se sobrevive.
La última jornada puede convertirse en un ejercicio de nervios, cuentas y transistores, aunque el Mallorca todavía conserva algo importante: depende de sí mismo. Ahí reside la principal diferencia respecto a otros equipos implicados en la pelea. Demichelis ha intentado blindar al vestuario del ruido externo y transmitir un mensaje simple: competir cada partido como una final. El técnico llegó para rescatar a un equipo tocado y todavía está a tiempo de completar la misión, pero el margen ya es mínimo. Quedan tres jornadas para saber si el Mallorca seguirá entre la élite o si una temporada llena de altibajos acabará desembocando en un descenso traumático. La hora de la verdad ya está aquí.

