Aún queda una jornada y toca agarrarse a ese 5%, pero… El gran problema del RCD Mallorca si se consuma el descenso no sería únicamente perder la categoría, sino perder el poco gol diferencial que todavía conserva la plantilla. El equipo lleva tiempo sobreviviendo desde la solidez competitiva, el orden táctico y la capacidad para jugar partidos cerrados, pero en Segunda eso no siempre basta. Y ahí aparece un escenario delicado: si salen futbolistas como Vedat Muriqi o Sergi Darder, el Mallorca perdería prácticamente toda su jerarquía ofensiva de un solo golpe. No solo por cifras, sino por peso competitivo. Son los jugadores que condicionan rivales, fijan defensas y sostienen al equipo en los malos momentos. La Segunda División castiga muchísimo a los equipos que no tienen desequilibrio arriba, y el Mallorca correría el riesgo de convertirse en un conjunto demasiado plano si no logra conservar parte de ese talento.
El otro gran frente estaría en los despachos. El descenso obligaría al club a entrar en una fase de ajuste económico importante, especialmente por el límite salarial. Aunque el Mallorca llega mucho más preparado institucionalmente que en otras etapas de su historia, el cambio de ingresos entre Primera y Segunda sigue siendo enorme. El club tendría que rebajar masa salarial casi de inmediato y eso empujaría varias salidas incluso aunque no fueran estrictamente deportivas. Ahí entrarían casos como Maffeo, Mojica o incluso Samu Costa, jugadores con mercado y salarios altos para la categoría. La dirección deportiva tendría que encontrar un equilibrio complicado: vender lo suficiente para sanear cuentas sin desmontar completamente una plantilla que, sobre el papel, seguiría siendo una de las más fuertes de Segunda.
Aun así, la sensación alrededor del Mallorca sería muy distinta a la del descenso anterior. El club que cayó en 2020 todavía tenía mucho de recién ascendido, cierta fragilidad estructural y una plantilla construida con más urgencias que estabilidad. Este Mallorca, en cambio, llegaría con varios años seguidos en Primera, una identidad competitiva reconocible y un vestuario mucho más curtido. El descenso dolería, pero no transmitiría sensación de derrumbe. De hecho, la base defensiva seguiría siendo muy potente para la categoría y habría futbolistas perfectamente preparados para liderar una temporada larga y exigente en Segunda, como Raíllo, Valjent, Antonio Sánchez o Abdón Prats.
Por eso, si finalmente el Mallorca baja, el escenario más probable no sería el de un club roto, sino el de un candidato claro al ascenso desde el primer día. La gran incógnita estaría en cómo absorber el golpe emocional y económico sin perder demasiada personalidad por el camino. Porque seguramente terminaría una etapa muy concreta en Son Moix: la del bloque que logró consolidar al equipo en Primera División durante años. Pero al mismo tiempo empezaría otra distinta, con menos focos, menos margen financiero y una obligación inmediata de volver. Y ahí el Mallorca tendría algo que otros recién descendidos no suelen tener: estructura, experiencia y una identidad competitiva ya construida.

