La temporada del RCD Mallorca entra en su recta final con el corazón en un puño. No es para menos: la lucha por el descenso en LaLiga se ha convertido en una auténtica carnicería competitiva, con media tabla metida en el lío y diferencias mínimas entre equipos que hace apenas semanas respiraban tranquilos. El conjunto bermellón ha dado señales de vida cuando más lo necesitaba. La reciente victoria ante el Girona, un triunfo de esos que valen más que tres puntos, le ha permitido colocarse con 38 puntos y mantenerse fuera del descenso… de momento. Sin embargo, la realidad es tozuda: comparte cifra con rivales directos y cualquier tropiezo puede devolverle al abismo.

El problema del Mallorca no es solo clasificatorio, sino estructural. Durante buena parte del curso ha sido uno de los equipos más vulnerables atrás, una fragilidad defensiva que le ha condenado a sufrir más de la cuenta. Y en este tipo de finales apretados, conceder es sinónimo de cavar tu propia tumba.

Cuatro jornadas de infarto para el RCD Mallorca

Por delante, el calendario no da tregua. Duelo tras duelo ante rivales directos o equipos con objetivos europeos que no regalarán nada. En esta liga de nervios, el RCD Mallorca necesita convertir Son Moix en un fortín y rascar fuera lo que pueda. No hay otra fórmula.

Además, el contexto es salvaje: Sevilla, Alavés, Elche, Girona, Valencia… todos están en un pañuelo. La reciente victoria del Sevilla ante la Real Sociedad ha comprimido aún más la zona baja, dejando a varios equipos separados por apenas uno o dos puntos. Esto ya no va solo de fútbol, va de gestionar la presión.

Y aquí es donde entra el factor emocional. Porque lo de Sevilla–Real Sociedad fue, siendo suaves, preocupante. Sí, el Sevilla compitió y sacó adelante una final, pero la imagen de la Real fue casi sonrojante: un equipo sin alma, sin tensión y sin apenas capacidad de generar peligro en un partido clave… aunque no fuera su guerra directa. En estas alturas de temporada, esa falta de competitividad roza lo inaceptable.

En conclusión, el Mallorca tiene opciones reales de salvarse, pero no hay margen de error. Depende de sí mismo, sí, pero en una liga donde cualquiera suma, eso no garantiza nada. La permanencia no se va a decidir por calidad, sino por carácter. Y ahí, el que dude, baja.

RCD Mallorca
Foto: RCD Mallorca.