En un afán de comparación de miles de años luz con el equipo blanco de la capital, la que fuera la era de los “Zidanes y Pavones” acuñada por el actual presidente que a la postre repudió, la similitud de estos dos nombres apartando toda la paja de diferencias puede verse reflejado en determinados puntos cardinales al actual proyecto -por denominarlo de alguna manera- de un Real Mallorca deportivamente inválido y que paulatinamente ha ido desinflándose.

Empezó la nueva era del Mallorca con la manguera de billetes en el invierno de la temporada pasada. La figura central de aquella nueva estructura, Maheta Mateo Molango, le dio al grifo la máxima potencia y de un plumazo se llevó -la palabra no sería fichar- a tres máximos goleadores en sus mejores momentos de tres respectivos equipos. Llegaría Lago el primero, después Óscar Díaz y finalmente Alfredo Ortuño. Colunga, Pol Roigé también se verían seducidos por el “proyecto” americano. Y más tarde, el verano se convirtió todo en precariedad. Se pasó de un invierno capitalista a un verano comunista. Ataviadas presentaciones de jugadores gratuitos con la valentía removida en osadía con discursos que hoy dejan un poso de haber vivido por encima de sus posibilidades y una cuenta del club que, leyéndola, resulta haber sido toda una nefasta planificación deportiva.

En “Zidanes y Pavones” la cosa iba de estructurar un equipo en dos líneas claramente diferenciadas pero con el objetivo de conectarse entre sí. Los galácticos (Zidanes) y los canteranos (Pavones). Dos formas de origen que acabó de la peor manera posible: desapareciendo y dimisión del presidente. En su comparecencia, Florentino hablaba de haber “maleducado a los jugadores” y que se habían “confundido”. Una frase que espetada por el actual CEO del conjunto bermellón no desentonaría lo más mínimo. Pero él se perdió la clase de autocrítica. Entonces, “Culios y Vallejos” es la comparación de un guión escribiéndose hacia la deriva con máximos voltajes de inexperiencia absoluta por sus dirigentes. Porque la dirección deportiva tendría que llevar la L detrás de la espalda, lo que se la han quitado sin permiso de la autoridad y aun peor: nunca debieron aprobar el examen de conducción para una entidad de tales envergaduras.

Culio representa el futbolista libre de coste que vinieron con una idea y se irán totalmente con otra. Marcharán sin ningún objetivo cumplido para recalar a otro club que le den cobijo en busca del buen sonido de la flauta en cuanto a dinámica se refiere. Este grupo lo integran desde Ansotegi, Raíllo, Santamaría, Rodríguez y Domínguez hasta Lekic o Dalmau. Futbolistas en la ruleta que mueven sus agentes rastreando una entidad exprimiendo todo el bien para su representado. Unos jugadores, en su mayoría veteranos, con el final de su carrera más pronto que tarde en el que se han visto superados en una competición que no entiende de currículum.

“Quiero darle a los Damià, a los Brandon, a los Kassim, Tià Sastre. A esos jugadores la posibilidad de estar en su casa, en su isla ganándose bien la vida y encima jugando en Europa. Eso es lo que yo quiero a cinco, seis, lo que sea, años vista”. Palabras de un Molango haciéndose un flaco favor a sí mismo en un mundo llamado deporte que de ciencia y de lógica se enfrasca, si contiene, en una pipeta. Damià está en Lugo cuando tendría que ser un jugador vital en la actual lucha hacia el nodo de la Segunda B. Kassim becado en Suiza y Tià Sastre sin la eclosión de mantenerse con los mayores. El modelo es Brandon Thomas, pero es el único consolidado a día de hoy en los onces iniciales. El grupo Vallejo es la cantera. La denominada “Sa Fàbrica”, bautizado a modo de marketing por el CEO, debe reunir jugadores de la casa en el primer equipo. Pero actualmente el panorama describe bajo unos hechos que la categoría les viene grande a los que han tenido en sus pies la oportunidad de dar el paso definitivo. James o Ángel Sánchez no aportaron cifras numéricas al equipo. Un equipo que estaba y está en un vendaval que engulle a cualquiera. Y por otro lado, integrantes de la casa con más experiencia son ahora un descarte jornada tras jornada sin poder ejecutar una responsabilidad en salvar al equipo porque las prestaciones son menores que las demás en un nivel colectivo bajo. El claro ejemplo de Biel Company.

Llegados a este punto, “Culios y Vallejos” simbolizan una plantilla, una forma de fabricar un equipo maquillado para un objetivo donde la estadística te marca una victoria tras otra del fracaso. Y el fracaso se lleva pagando un par de años. El problema es que el fracaso puede reventar en un auténtico descalabro.

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