Si en algún momento decidiéramos poner el contador del tiempo a cero y tuviéramos que elegir un acontecimiento que marcara un antes y un después, bien podríamos decantarnos por el trágico 11S que cambió el rumbo del mundo y el devenir de la vida de miles de personas, desde entonces hasta ahora.

No sería de extrañar, pues, oír hablar del Año 18 d.BL (después de Ben Laden) para referirnos al año en curso. Año, precisamente, en el que el RCD Mallorca cumple la mayoría de edad dentro de ese selecto club de equipos que han tenido la oportunidad de jugar la codiciada Champions League.

Un 11S que también supuso un antes y un después para un club modesto que consiguió colarse, por méritos propios, en una de las mayores competiciones futbolísticas del planeta Tierra.

Difícil será olvidar el día en que el mallorquinismo engalanaba su bautismo en la máxima competición continental, nada menos que contra el Arsenal FC del sempiterno Arsène Wenger, mientras el mundo se derrumbaba.

El conjunto londinense, también conocido como el equipo de los Gunners –cuyo significado es el de artilleros, soldados, cazadores (caprichos del destino)– acabaría sucumbiendo por la mínima (Engonga; min 12 de penalti) en una noche en que las estrellas brillaron, sobretodo, en el cielo de Son Moix.

El Cuarto Delantero

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