Miraos hace un año. A los jóvenes seguramente os repulse ciertos aspectos de la persona que empezasteis siendo. 12 meses dan para demasiados cambios, que con un punto de fortuna, habrán supuesto una mejora. Adultos mirareis de reojo y con recelo cuando aún no estabais poblados de canas o la tranquilidad de cuando vuestros hijos no habían empezado a probar la noche. El Mallorca no ha sido ajeno a los cambios, ni a las mejoras. Quien empezó el año una posición por encima del descenso a la que ahora es su campo de batalla, la 2ªB, ahora lidera sin piedad el monstruo ante el que todos apuntaban que sucumbiría.

Datos, escenarios, jugadores, entrenadores y directivos han marcado el paso del año. Lo que empezó en un badén que se extendió hasta la mitad del año ha sabido volver a remontar el desnivel. Por ello, repasaremos nombres propios, escenarios y situaciones que marcaron el devenir bermellón en este 2017.

Javier Olaizola

La vuelta del eterno capitán que desembocó en una historia más de leyenda quemada en los banquillos. A todos se nos erizaba el vello cuando hacia gala de su garra, pasión y entusiasmo ante los micros. Añorábamos sentirnos identificados y, como no, lo encontramos en el vasco menos vasco y más mallorquín. No puedo acabar la heroicidad con la que, a buen seguro, soñaba noche sí noche también. Fracasó rotundamente, pero Olaizola murió mártir defendiendo su religión. No hay nada más encomiable que eso.

Maheta Molango

De héroe a villano en menos de lo que él se esperaba. Tras cada metida de pata y salida de tono, su protagonismo ha ido reduciendo hasta ser casi residual de cara al público. Diana de infinitos dardos -con toda la razón del mundo-, por iniciativa propia o por ordenes de arriba, ya apenas escandaliza con sus declaraciones en los medios. Ahora, por el bien de la institución, es como tu colega que no sabía darle una patada al balón pero aún así llamabas para las pachangas. Esta ahí, de relleno, que ni pincha ni corta. Aunque el CEO, a diferencia de tu colega, se lleva una comisión un tanto exagerada por ello.

Brandon Thomas

Ni el más goleador, ni el más decisivo. Pero el de Cala d’Or nunca nos dejo dudas de su compromiso y su amor por el escudo. Cada carrera suya, normalmente desmedida e innecesaria, transmitía. No es la perla más reluciente que ha parido Son Bibiloni, pero si de las más significativas. Su actitud frente a la situación crítica que vivimos a final de temporada, cercano y pasional con la afición, habla bien de quién es. Marchó al Rennes entre felicitaciones y buenos deseos de todos aquellos que lloramos de alegría con su heroico doblete en Pucela. Un di noi.

Miranda

Lo vi preparando el final de matemáticas que tenía al día siguiente. Obviamente, tarde cinco minutos en darme por vencido y centrar mi atención en la página pirata por la que apenas discernías los jugadores. Solo hubiese sido más dramático estar allí. Ojalá hubiésemos podido estar todos los que queríamos sucumbir al lado de nuestro equipo.

Por muy mentalizados de lo que podía ocurrir que estuviésemos, el puñetazo de la realidad siempre duele. Impotentes, vimos como Molango huía y algunos jugadores, con un mínimo de dignidad, daban la cara como podían, ante las lagrimas de muchos. La marca de un antes y un después. El cambio de escenario no ha hecho más que mejorar prácticamente todos los aspectos del club. Hemos recuperado la esencia que perdimos dios sabe cuando. De alguna retorcida manera, bendito Miranda.

Pocos dieron la cara tras el descenso. LFP

Adaptación inmediata

Que miedo daba volver al barro. Y que bien nos ha sentado el césped artificial, el amateurismo, la cerveza con alcohol, las gradas de cemento y las entradas más baratas que una cena. Más allá de éxitos deportivos, la comunión entre plantilla y afición ha significado un cambio drástico en la manera de ver al equipo de su ciudad para mucha gente. De un club convulso en el campo y en los despachos a uno transparente, ganador y cercano. Si era necesario tocar fondo para recuperar la esencia humana del fútbol, me alegro enormemente de haber abandonado el fútbol profesional, cada vez más profesional y menos fútbol.

El ansiado reencuentro

Cuando el Albacete de Tomeu Nadal dejó sin opciones de ascenso al eterno rival, nos nació una inconsciente pero pícara sonrisa. Primero, debido a la alegría de ver triunfar a un confeso mallorquinista acérrimo. Segundo, por que tras más de tres décadas volvimos a vernos las caras con el vecino de abajo. Iba a ser mi primer derbi.

El calendario quiso engendrar un encuentro primerizo, en la tercera jornada. Con poco rodaje de ambos equipos, el fútbol pasó a segunda escena. La sensación de volver a sentir esa rivalidad en la ciudad, nueva para muchos jóvenes, hizo que Palma volviese a apestar al fútbol de antes. Enero acogerá la vuelta en Son Moix, con la distancia entre ambos equipos ya marcada.

El primer encuentro ante el eterno rival acabó accidentado.

Vicente Moreno

2017 o año I después de Vicente Moreno. Tiene encandilado a más de media isla. Su incesable trabajo, siempre silencioso, está dando sus frutos. Además de una idea de juego y un carácter que parecía irrecuperable en un club que, jugador que se enfundaba su zamarra, jugador que devaluaba, el valenciano se hizo cargo de gran parte de las incorporaciones. Metió mano en su ex-equipo, el Nástic, trayendo consigo a piezas hoy indispensables como Reina, Álex López o Giner. Convenció, también, a otro viejo conocido como Lago para que le acompañase en su aventura.

Tras una primera vuelta impoluta, con su Mallorca codeándose con Barça y Manchester City, los tres imbatidos y campeones de navidad de sus respectivas ligas, Vicente se ha consagrado como uno de los mejores entrenadores de una categoría que se le queda más bien pequeña.

Vuelta a casa

Xisco Campos y Abdón volvieron al nido. Y no podemos estar más contentos. Más allá del excelente rendimiento deportivo que están dando los dos, pilares fundamentales del esquema, dotan al equipo de una pizca de identificación regional. Por tontería que pueda parecer, ver a gente de tu tierra vestir tus -y sus- colores encandila. Ambos acudieron a la llamada socorrida de su club y renunciaron a proyectos mejor económicamente y que, en ese momento, parecían más prometedores en lo deportivo. Su compromiso se les esta siendo pagado en amor incondicional de la grada. Inerte, pero inigualable.

Xisco Campos volvió al club para capitanearlo en sus horas más bajas.

Los que se quedaron

Lago estaba fuera el mismo día que descendimos. Parecía imposible mantener a un jugador de sus cualidades en una categoría no profesional. Damiá apuntaba a la puerta de salida, en busca de los minutos que algún día le confirmarán como el medio centro que es. Pol, sin apenas protagonismo cuando se necesitaban repulsivos, también parecía decidido a marcharse por la puerta de atrás. Por último, Raíllo, con unas cualidades ineludiblemente superiores a la categoría, sumado a su enfrentamiento con la afición, se posicionó claramente como una de las salidas más cantadas.

Llegó Vicente Moreno y muchos cambiaron su opinión al respecto de pasar un año en el barro. Lago, conocedor del valenciano, renovó instantáneamente. Los otros tres, más jóvenes y con ganas de demostrar sus cualidades, también fueron sabiamente aconsejados y no salieron de la isla. Raíllo y Lago, hasta su lesión, son pilares fundamentales. Damiá y Pol combinan banquillo y minutos, estando sus posiciones ocupadas por jugadores de más experiencia en la categoría. Su acto de compromiso también ha sido recompensada por la afición.

Son Bibiloni cobra protagonismo

No me imagino la satisfacción de sus padres que, tras interminables años de llevarles a la carretera de Sóller día sí, día también, les ven saltar al césped de Son Moix. Joan Sastre, Cedric, Damiá y Parera simbolizan el sueño de muchos de los chicos de “Sa Fàbrica”. Todos los que nos sorprendimos cuando Joan Sastre fue convocado con las inferiores nacionales, siendo suplente del segundo equipo, nos volvimos doblemente locos con su gol in extremis en Badalona. La sequía goleadora de Cedric nos duele a todos, la mejora constante de Damiá nos enorgullece enormemente y, cada vez que tiene la oportunidad de enfundarse los guantes, Parera nos hace sentir que nosotros también estamos bajo palos junto a él. A los de casa, inevitablemente, se les tiene enchufados.

Joan Sastre ha disipado todas las críticas que recibió a principio de curso.

Nunca un año es malo. Si se hace balance, siempre pueden extraerse innumerables aspectos positivos, vivencias y anécdotas. Y de lo negativo, enseñanzas. El del Mallorca no ha sido diferente al de nadie.

Desde FutbolMallorca, os deseamos un feliz y próspero año 2018, lleno de alegrías para el deporte balear.

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