Las oficinas de Son Moix han estado echando humo durante esta última semana. El motivo es ya más que conocido por todos: hace un par de días, Andy Kohlberg, presidente del Mallorca, decidió prescindir de Maheta Molango como director ejecutivo de la entidad bermellona. La noticia cogió por sorpresa a casi toda la parroquia mallorquinista, que ve como cae el primero de los pilares en los que se ha cimentado un proyecto que ha conocido el cielo y el infierno por partes iguales.

Maheta llegó a la isla con más ambición que oficio, y eso no tardó en hacerse evidente. Pese a un inicio esperanzador y un mercado de fichajes de invierno que permitió al equipo conseguir la permanencia en el año de su centenario (2016), la mala gestión del club en el ejercicio posterior llevó a Segunda B a uno de las entidades más gloriosas del segundo escalón del fútbol español. El golpe fue duro, pero acabó por no ser definitivo. El suizo, contra todo pronóstico e historial, consiguió rehacerse y se volvió a ganar la confianza de la propiedad. Son Moix jamás le perdonaría, ¿o sí?

Vicente Moreno fue el gran buque insignia para un nuevo horizonte: la imperiosa misión de volver a la élite. Junto al técnico valenciano llegaron un séquito de experimentados jugadores que congeniaron desde el primer entrenamiento, consiguieron obrar la proeza por partida doble. En 2019, sólo dos años después de caer al más oscuro de los abismos, el Mallorca volvió a Primera, consiguiendo así que el público del feudo balear volviera a disfrutar de su equipo contra los más grandes del país. Molango lo logró, y sobre él recayó de nuevo la responsabilidad de armar una nueva plantilla competitiva para, por lo menos, pelear una salvación que desde que el primer día se antojaba complicada.

Pese a todo, la realidad más tangible de los cuatro años en los que Maheta convivió con el club rojillo fue la de que, pese a hacer ver que lo intentaba, jamás logró calar en los aficionados. La sensación de que el abogado helvético hizo la guerra por su cuenta fue casi siempre unánime. Su más que acusada soberbia, una pésima gestión en diversas ventanas mercantiles y una insuficiencia crónica por ser uno más con el ADN bermellón dejaron en la estacada emocional a un hombre que, sobre el papel, lo había conseguido todo.

La actual situación, irreversible a ojos de la mayoría, fue la gota que colmó el vaso. La negativa dinámica en el césped y en el último periodo de traspasos han acabado por darle la puntilla al ya ex CEO del club más prestigioso de Palma. Aproximadamente 1500 días después, Maheta Molango y el RCD Mallorca separan sus travesías en este universo (casi) infinito llamado fútbol. El claro ejemplo de cómo una herida en el corazón nunca es capaz de sanar por completo. El claro ejemplo de que el mallorquinismo perdona, pero no olvida. La vida de un personaje al que su afán de ser protagonista le convirtió en un villano. Un pequeño e insuficiente ‘todo’ entre dos ‘nadas’.

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